Siempre me pareció, cuando era más joven y oía hablar de The Sandman, que era un cómic demasiado onírico (nunca mejor dicho).

Un señor de los sueños, un superhéroe, pensaba, que se vive y viaja entre sueños, viviendo aventuras en ellos y en el mundo real.

No andaba desacertado en cuanto a esto último, pero no podía estar más equivocado por el tamaño, la magnitud y la calidad de la obra en si.

El caso es que hace tres años le regalé a mi hermano el tomo Noches Eternas, donde Gaiman narra historias de los Eternos, la familia de The Sandman.

Las historias me impactaron, Deseo, Sueño, Destrucción, Muerte, Destino, todos ellos me engancharon desde el primer momento, por lo que me lancé a comprar los tomos recopilatorios, adentrándome poco a poco al pirnipio, a grandes saltos depués, en este mundo singular y único.

Con la llegada de Planeta a DC, Norma publicó de golpe todos los tomos restantes, y yo pude darme el mayor atraón de The Sandman que jamás soñé, y no pude sino estremecerme con el Velatorio.

Nunca fueron más ciertas las palabras “Están todos. Estás tú” y lo que para mí es el epitafio de la obra: “Entonces. Deeando seguir dormido, deseando que nunca terminara. Seguro de que este sueño jamás regresaría…despertaste tú

Noches Eternas, recordadlo, una buena forma de comenzar a visitar el mundo de los sueños.

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