He dejado pasar un día, porque ayer no sabía ni que diría. sólo sabía que tenía que escribir algo. Que no podía dejar que la muerte del padre de los juegos de rol sucediese ante la ignorancia generalizada.

No su muerte.

Cuando alguien recuerda tantos momentos buenos de su vida asociados a una afición, cuando a una persona como yo se le erizan lo pelos, o le recorre un escalofrío cuando le viene a la mente una imagen, una canción asociada a un instante, y todos esos momentos tienen su origen en un juego, en unos mundos, en unas partidas…y ese juego, esos mundos y esas partidas son consecuencia de la creación de una persona, bueno, uno no puede sino sentir el fallecimiento de esa persona casi como si fuese de la familia.

A Gary Gygax le debemos mucho, tantos le debemos tanto que en los círculos roleros su fallecimiento ha caído como una piedra. Como una losa.

Gygax fue el primero entre los primeros, así es recordado, y así lo será.

Hay quien dice que estrá jugado al rol con Dios, hay quien dice que nunca será olvidado. Bueno, yo sólo sé que, como he leído a mi amigo Kano, lo que hizo Gygax contribuyó más que casi nada en este mundo a construir la persona que soy hoy en día.

Sin él, Paco Agenjo, éste Paco Agenjo no existiría.

Le debo, por lo tanto, y a un nivel filosófico, empírico y existencial, mi existencia.

Por eso nunca le olvidaré, por eso, jamás dejaré que su recuerdo, encarnado en los juegos de rol, se olvide.

Gary Gygax contribuyó a hacerme, ha contribuido a que escriba los seis o siete libros que he escrito, ha hecho que esa persona que sueña con dragones y magia escriba este blog, y otra decena. A él le debo parte de mi creatividad, una buena parte de los materiales con los que compongo mis sueños, que luego ofrezco al mundo.

Sin él, no hubiesen surgido de la misma forma. Quizás de ninguna.

Por ello no podía dejar que se marchase sin despedirme.

Señor Gygax.

Gracias. De verdad.

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