Quizás uno de los síntomas de que la cosa no va muy bien en el Wizards of the Coast, la editorial que publica D&D, sea la ausencia de buenas aventuras. De esas que los aficionados recuerdan (y juegan) una y otra vez durante toda su vida.

Se han publicado algunas aventuras dignas durante toda la etapa de la 3ª Edición, pero en general, las aventuras épicas (de esas que recuerdas toda tu vida, repito) han brillado por su ausencia. Se han hecho mucho remakes, y actualizaciones, y retornos, pero claro, ese es el primer síntoma de la falta de ideas.

Seguramente, los masters habrán suplido con mucha imaginación estas carencias del D&D, siempre lo hemos hecho. Recuerdo mi primera aventura del AD&D, Terrible Problema en Tragidore, que era sencilla, en blanco y negro, en mal papel y gráficamente deleznable, pero de la que el master hizo una pequeña obra maestra

Sin embargo, si el D&D quiere adaptarse a los nuevos tiempos, y parece ser que es lo que en WotC desean hacer, aunque ello signifique renunciar a lo que convierte al D&D en un juego de rol, entonces, quizás deberían empezar a plantearse que el objetivo de este juego es jugar.

Y que por mucho que se adapten a los tiempos de internet, por mucho que hagan todo más mecánico, por muchas reglas de combate que creen, si detrás no hay grandes aventuras entonces el juego y su éxito dependerá de la imaginación de los jugadores. Y todos sabemos que eso es algo que está de capa caída últimamente.

O D&D ofrece aventuras buenas en gran cantidad, accesibles, en difrentes niveles de complejidad y además a menudo, entonces no podrá competir con los juegos de consola, PC ni con otras formas de ocio.