Drácula 2.099

 

Drácula 2.099 es un juego de rol en el que podrás interpretar un personaje en un futuro no muy distante. Pero es un futuro que dista mucho de ser el idílico paraíso que la ciencia y las películas nos prometen.

 

Fuentes

 

Pensando cómo llevar algún juego de terror al futuro, se me ha pasado si se podría hacer algo similar con algún libro famoso, ¿y qué libro más famoso que Drácula en el género?

 

Sin embargo, la idea ya había sido desarrollada, y llevada al cine, en la película “Drácula 3000”. Pero bueno, eso no quita que me apetezca desarrollar algunas ideas sobre ello.

 

Las reglas

 

Para jugar a “Drácula 2.099” puedes utilizar cualquier sistema que se adapte a esta ambientación de corte futurista y terror.

 

Nosotros creemos que los mejores sistemas son el Sistema D20 de Star Wars y el sistema de Mundo de tinieblas original (vara ver adaptaciones de este sistema a entornos futuristas puedes leer la Guía Dosdediez sobre el Mundo de Tinieblas-Ciberpunk y la serie de juegos de ciencia ficción de la White Wolf (Abberrant y Trinity).

 

El mundo

 

En el año 2.099, la Humanidad se ha extendido por la Galaxia gracias a los motores cuánticos de taquiones. Con éstos, el viaje de varios años luz se acorta a unos pocos meses, y las corporaciones, ONG´s, gobiernos y ciudadanos libres se han lanzado a colonizar los planetas próximos.

 

Allí, ha entablado contacto con otras razas, creando una sociedad galáctica que se enriquece con el comercio y la industria, pero que no ha dejado de lado las antiguas desigualdades y sistemas de explotación arcaicos.

 

Las grandes corporaciones extienden sus tentáculos por los mundos, extrayendo minerales preciados en colonias mineras olvidadas, produciendo sus artículos en masa en mundos fabriles atestados de contaminación, y cubiertos por una penumbra de contaminación eterna que ni varios soles logran disipar.

 

Los seres humanos se han extendido por el espacio, llevando consigo los errores cometidos en su planeta natal.

 

Pero algo más ha ido con ellos.

 

Sin saberlo, el ser humano ha extendido por la galaxia un mal centenario que ahora aterroriza a quienes saben de su existencia. Los vampiros.

 

Seres de leyenda en la tierra, los no-muertos son muy reales, y cuando oyeron de la posibilidad de viajar al espacio exterior, donde no saldría un sol durante meses, y donde sus cuerpos podrían adaptarse mucho más rápidamente a los ambientes que estos nuevos “colonos” encontrasen, no se lo pensaron dos veces.

 

Embarcados en los cargueros espaciales, y en las grandes arcas de colonos, los vampiros han comenzado una diáspora que sólo ahora está empezando a ser conocida por algunas personas ajenas al círculo de gobierno corporativo.

 

Su existencia no es desconocida para las grandes empresas industriales que gobiernan los mundos humanos, pues varias arcas enteras se han perdido en sus viajes, no sin antes transmitir terribles imágenes de cuerpos destrozados, desangrados y gente aterrada aferrada a cruces e inútiles armas.

 

Pero hasta ahora quienes conocían la existencia de los no-muertos habían permanecido callados. Hasta ahora. Pues la plaga se ha extendido demasiado, y algunos periodistas fisgones que no han podido ser acallados han conocido el terror que albergaba la raza humana en su seno.

 

Atando cabos, han comprendido que la diáspora humana ha hecho algo más que difundir nuestra cultura por el espacio. Ha puesto en contacto a los vampiros con otras razas.

 

Algunas personas, temerosas todavía de revelar al gran público sus descubrimientos, se han encontrado con un muro de silencio en la administración de los mundos y las corporaciones. Funcionarios y empleados de ambas se niegan a hablar cuando son preguntados por las arcas perdidas, y se limitan a repetir las consignas que les transmiten sus superiores.

 

El espacio es peligroso, los accidentes ocurren, pero el premio para los valientes que se atreven a ir a otros mundos es la riqueza y la libertad de los contratos de trabajo explotadores.

 

La realidad, por su puesto, es muy distinta.

 

Unas veces por miedo, y otras influenciados directamente por agentes de los vampiros, las grandes empresas y gobiernos intentan ocultar el verdadero terror que surca las estrellas.

 

Planetas enteros con los que se ha perdido el contacto, y en los que las patrullas de marines sólo han encontrado cuerpos pálidos que se levantaban en la puesta de sol, arcas de colonización desaparecidas, o que han llegado a su destino, planetas mineros, sólo para vomitar una abominación tras otra.

 

Los gobiernos del mundo saben que esto no es lo peor que podría ocurrir. Estas plagas vampíricas pueden manejarlas, siempre hay provisión de hombres, soldados y armas suficientes. Su verdadero temor es que la existencia de estos vampiros enloquecidos de hambre pone de manifiesto la existencia de otros seres de esta raza mucho más inteligentes y poderosos.

 

Viajando por los mundos, los vampiros suficientemente antiguos se han podido infiltrar en los sindicatos de fábricas y minas, en las cortes de la nobleza planetaria, en los cultos paganos.

 

Su mayor temor es, dado lo poco que saben de los vampiros y sus poderes, que alguno de ellos haya llegado lo suficientemente arriba como para llegar hasta ellos.

 

Por lo demás, lo que le pase al resto de la Humanidad les importa bastante poco.

 

Prefieren seguir manteniendo a los hombres en la ignorancia, mientras se enriquecen hasta límites insospechados, y extraen la vida de quienes trabajan para ellos.

 

Lo que quizás no ven es lo cerca que están de convertirse en lo que más temen.