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Sinopsis del libro: Eres Jaimie, un joven aldeano que vive en el linde del bosque encantado al que todos temen. ¿Encontrarás el influjo secreto que ahora rige en el castillo de Pentegarn?

Comienzo una nueva sección dedicada a reseñar los librojuegos de mi infancia.

Comenzamos por el que fue el primero para mí y uno de los más importantes, Las Columnas de Pentegarn.

En este libro, que como sabréis sigue una estructura especial, en la que el lector-jugador toma decisiones que te conducen por unos derroteros u otros a través de la historia, según vayas tomando un camino u otro.

En Las Columnas de Pentegarn eres Jaimie, un joven granjero con la capacidad de hablar con los animales que conoce al mago Pentegarn, caído en desgracia y antiguo gobernante del reino, a Lidia, una ladrona elfa y un guerrero.

En seguida te enrolas en su viaje al reino de las columnas derruidas de Pentegarn, introduciéndote con ellos en un laberinto (dungeon) de lo que antes fue el palacio del mago, ahora tomado por las fuerzas del Señor Oscuro.

Este ente maléfico de oscuridad, gobierna desde allí gracias a un bastón mágico que otrora perteneció a Pentegarn. Ahora, tenéis que recuperarlo,  para ello debes emprender un viaje por catacumbas y ruinas en el que recuerarás antiguas artefactos que te ayudarán a derrotar el inmenso poder mágico del enemigo.

Los más famosos de ellos son el Cubo de las Fuerzas Místicas y el Anilo Antihechizos.

Pero no todo va a ser taréa fácil. Te enfrentarás a trasgos, esqueletos de dragones, magia, esqueletos, trampas y hechizos malditos que pondrán a prueba tus decisiones.

Por cierto, hace unas semanas vi un ejemplar del libro en uno de los puestos de la Cuesta Moyano.

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