Le dedico esta creación pequeña a John Ritter, ese genio del humor que falleció demasiado prematuramente.

¿Por qué? Porque él nos ayudó con su magia, y porque participó en una de las obras más grandes que ha dado la animación en el campo de la fantasía: Vuelo de Dragones.

Sin más, Los Decantáculos de Ritter.

Nadie sabe como llegaron a este mundo los Decantáculos, sólo que quien los creó debía ser más antiguo que el propio mundo, tal vez tanto como los propios dioses.

Sí se sabe quién los descubrió.

Contemplando desde la cima de su observatorio astronómico en la Montaña Solitaria el cielo nocturno plagado de constelaciones con mensajes de los dioses, el astrónomo Zhas Ritter observó un peculiar fenómeno, la caída de un grupo de estrellas fugaces sobre el mundo.

Nada en particular hubiese habido en ello, si no llega a ser porque Ritter se percató de que cada una de esas estrellas brillaba con un color diferente y diferentes tonalidades.

Ritter se apresuró a apuntar sus trayectorias, el lugar donde preveía que iban a caer, y durante años empleó sus recursos en reunirlas, y estudiarlas.

Las estrellas caídas no eran tales, para sorpresa del astrónomo, sino gemas de increíble belleza en cuyo interior parecían arremolinarse una miríada de formas, tonalidades y gamas, como si de sangre de hermosos colores se tratase.

Con los años, la tarea de Ritter se mantuvo secreta. A pesar de lo infructuoso de sus investigaciones, ni el astrónomo ni sus aprendices revelaron su descubrimiento.

Poco a poco fueron comprendiendo lo que eran, aunque con un elevado coste en años, dinero y esfuerzos.

Sin embargo, como suele pasar, lo que la sabiduría humana mantiene secreto y a salvo, el corazón lo desvela y lo pone en peligro.

Ritter se enamoró de una de las sirvientas que atendían sus tareas diarias. mucho más joven que él. La mujer, llamada Lyn, accedió a las atenciones de Ritter, el cuál, incapaz de ver nada malo en la persona que amaba, le desveló los secretos de las gemas.

Cualquier chica normal se hubiese conformado con lo que había conseguido, el amor de un gran hombre, su posición como primera dama de la gran torre, y el disfrute de la enorme fortuna que Ritter había conseguido asesorando a reyes, magos y príncipes.

Pero Lyn era ambiciosa, y rápidamente comprendió el poder y la inmensa riquezas que podrían otorgarles aquellas gemas de hermosura infinita que los astrónomos ya llamaban por entonces los Decantáculos.

Lyn acudió al más temible emperador de aquellos tiempos antiguos, y éste, al conocer los poderes fabulosos de las gemas, decidió enviar a sus agentes y legiones para sitiar la Montaña Solitaria y hacerse con el poder de los Decantáculos.

Ritter, cegado por el amor, pero no astuto como siempre, leyó en los astros la traición de Lyn. tal vez demasiado tarde para impedirla, pero lo suficiente como para hacer lo que tenía que hacer.

Repartió los diez Decantáculos entre sus ayudantes más fieles, y los mandó, uno cada día, a un destino secreto y recóndito.

Nadie más que él sabía donde enviaba a cada uno de ellos, y no estaba dispuesto a consentir que nadie le arrancase ese secreto.

El décimo día, cuando el emperador llegaba con sus huestes a las laderas de la montaña y el último discípulo se perdía en el horizonte, una terrible tormenta se cernió sobre la Montaña Solitaria, los reyes y príncipes no eran los únicos que debían favores a Ritter, como comprobaría pronto el emperador, a cuyo lado, en su carro de oro, venía Lyn.

Una arremolinada nube rojiza se enroscó en la montaña, y de su interior surgió un fuego terrible que todo lo arrasó. La torre, las laderas y el ejército invasor.

Nadie, ni el propio Ritter, sobrevivió a la furia el astrónomo.

Desde entonces, los Decantáculos están perdidos, y aunque de vez en cuando alguno surge reavivando la leyenda, pronto vuelve a sumergirse en las mareas oscuras de la historia.

Poderes

Los poderes de los decantáculos son variados.

Cada uno de ellos confiere un tipo de poder distintinto, aunque todos ellos relacionados con la misma fuente de poder.

Así, el Decantáculo llamado Las Aguas Azules del Mar Eterno, por sus tonalidades de un profundo azul marino, y su interior semejante a las infinitas corrientes marinas, otorga poderes relacionados con el mar y el agua.

La Sombra que Susurra, uno de los decantáculos de Ritter menos conocidos, en cuyo interior se arremolinan sombras de color negro y gris oscuro, mecidas por el viento, da poder sobre las sombras y las pesadillas.

Así, cada decantáculo domina un elemento o materia, casi siempre relacionado con el color del mismo.

Otros nombres de Decantáculos conocidos (sólo se conocen los de siete) son, Las Mieles del Rey, El Ambar de los Dioses Enanos, El Marfil del Gran Dragón, El Fuego de la Condenación y La Esmeralda de Kun.

Cada decantáculo suele otorgar tres hechizos menores cada día, relacionados con la fuente de su poder, y uno mayor cada semana. Una vez al año, el decantáculo sirve como piedra focal para realizar un gran ritual.

Todavía es una historia conocida, cómo el salvaje Kun, un druida ed infausto recuerdo, usó hace dos siglos el poder de su decantáculo para liberar de sus atadura a la gigantesca Selva Perdida, creando con ella un enorme ejército de Ents que le servían.

El ejército marchó durante meses hacia el norte, destruyendo los reinos que encontraba a su paso, y no fue hasta que un ladrón semielfo penetró en el corazón de la selva usando una poderosa capa de ocultación y robó el decantáculo que el colosal ejército en marcha se detuvo.

Todavía hoy, la Selva Perdida, como hoy se la conoce, se encuentra unos tres mil kilómetros más al norte de su hubicación original.

Secretos de los Decantáculos

Dos grandes secretos se guardan sobre estos poderosos artefactos. Dos secretos más secretos que los ya mencionados, claro.

El primero, que los decantáculos son doce, no diez, y que quizás los otros dos se encuentren entre las ruinas y catacumbas semidesmoronadas de la Montaña Solitaria, o escondidos en algún lugar del viejo Imperio por la propia Lyn.

El segundo, mucho más terrible, y que Lyn nunca reveló a nadie, es que los doce decantáculos son parte de un ser primigenio que murió a manos de una cruzada de los dioses.

Ávidos de poder, los recién creados dioses persiguieron a los Primigenios, y les dieron muerte.

Uno de ellos, la Fuente de Muchos Colores, dividió su esencia en doce gemas terribles, y las envió por los planos para que escapasen de sus perseguidores. El lugar donde calleron fue nuestro mundo.

Pero los Decantáculos no viajaron solos. Con ellos llegó un poderoso artefacto con forma de un brazalete engastado, que calló a tierra sin ser detectado. Ritter supo de él en una de sus largas conversaciones con los decantáculos, ensoñaciones en las que se sumergía gracias a poderosas drogas arcanas y que le permitían adentrarse en las fronteras palpitantes de las gemas.

Pero nunca lo encontró.

Lo que sí encontró fue el conocimiento de que las gemas forman un todo con el brazalete, y se engarzan en él de forma perfecta, una tras otra.

Ritter pensaba, y lo temía tanto como para confesárselo a Lyn entre temblores en las noches frías del torreón, que unir las joyas daba un inmenso poder a quien las poseyese y las engarzase en el brazalete.

Quizás fuese ese el motivo por el que un joven druida como Kun logró realizar tan poderosa magia a pesar de no ser más que un aprendiz. Si eso fuese así, significaría que el brazalete ha aparecido ya en la historia de nuestro mundo, y que tal vez esté en poder de Kun, junto con otras gemas.

A efectos de juego, los decantáculos otorgan un inmenso poder a quien los posee y los engarza en el brazalete, multiplicando sus propios poderes.

Dos decantáculos doblan el poder del lanzador de hechizos, tres, vuelven a multiplicar su poder por dos, cuatro, otra vez, y así hasta acumular once gemas, momento en el que el conjurador vería su poder inicial multiplicado por más de mil.

El tercer secreto (siempre hay un tercero), uno que Ritter nunca descubrió, aunque algo sospechaba, es que si alguien lograse reunir los doce Decantáculos y el brazalete, el Primigenio Fuente de Muchos Colores, tomaría posesión del ambicioso desgraciado, e iniciaría un reinado de terror absoluto del que extraer sufrimiento y poder para enfrentarse a los dioses que mataron a su estirpe.

 

 

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