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Introducción al mundo de Etheria

 

Pocos reinos de fantasía se pueden igualar al fantástico mundo de Etheria.

Sus características únicas lo convierten en una joya en si mismo, algo único e irrepetible de una belleza y una grandeza sin parangón. Sus habitantes, por este motivo, se refieren a él coloquialmente como el “Don del Dragón”, o el “Don” a secas.

La grandeza de los dragones ha impregnado el mundo de Etheria, hasta el punto de constituir la piedra angular de las civilizaciones que pueblan este enorme mundo.

Docenas de grandes reinos e imperios conviven con cientos de reinos menores, ciudades-estado, reinos isla, religiones-estado, bosques autogobernados, marcas independientes, ducados, fortalezas solitarias y toda suerte de organizaciones gremiales, comerciantes, religiosas, mágicas, filosóficas o políticas.

Pero, ¿qué es lo que hace tan especial a este mundo como para ser único entre todos los mundos que componen en Gran Tapiz?

Sin duda, los dragones.

Desde el principio de los tiempos, los dragones han reinado en Etheria, marcando el paso de las eras, erigiendo civilizaciones y conformando la magia y la religión de Etheria por toda la faz de tan basto mundo.

Los dragones, sus descendientes y el resto de razas draconianas son la principal civilización de Etheria, conformando sus reinos y ciudades una increíble diversidad a semejanza de un collar de piedras preciosas que llenan el mundo de Etheria de luz y hermosura.

Inmensos palacios dedicados a los Dioses Dragón han sido erigidos por sus sumos sacerdotes, y sus avatares-wyrm, a mayor gloria de las razas draconianas.

Reyes sabios y poderosos se sientan en tronos de gloria viendo crecer la magia, la riqueza y el poder de sus respectivos pueblos, mientras arriesgados aventureros hollan sus tierras en busca de aventuras y de misterios del pasado desenterrados, y mientras intrigantes razas tratan de ganar poder en las cortes dragón o ventajas comerciales en alguna ruta a lejanas tierras donde moran los extraños y maravillosos Dragones de Oriente.

Pero no todo es maravilla, aventura y misterio. Una amenazadora sombra se eleva en los horizontes del sur, algo que ha puesto en alerta a los más poderosos reyes draconianos, y que amenaza la supremacía de sus razas sobre el mundo de Etheria.

Todo comenzó en forma de rumores lejanos, alguna caravana aérea extraviada o la pérdida de comunicaciones mágicas con algún puesto o fortaleza avanzados.

Los príncipes y generales atribuyeron dichas pérdidas a acciones de incursores habituales, o quizás a la ambición de algún primo suyo deseoso de ver crecer su poder a costa de arrebatárselo a sus semejantes, nada nuevo bajo la luz de Idum, “el Dragón Sol, dios del firmamento y el dador de aliento”.

Sin embargo, noticias mucho más terribles confirmaron lo que algunos decían. La creciente amenaza era algo nunca visto, mucho más peligroso y terriblemente amenazador.

Ante las noticias de que la ciudad fortificada de Iluim estaba sitiada, una partida de guerra fue enviada hacia el sur. De la enorme expedición, sólo un maltrecho grupo de supervivientes logró regresar, lo que confirmaba que el poder de esa nueva amenaza era algo nunca visto.

Con ellos, los supervivientes trajeron relatos de un enorme y feroz ejército de criaturas reptilianas de increíble fortaleza, capaces de rivalizar con las razas draconianas.

Como prueba, el cuerpo de una de esas criaturas fue arrojado a los salones de los reyes dragón. Ninguno, pese a su sabiduría y antigüedad, recordaba o sabía de la existencia de criaturas semejantes.

Similares a humanoides reptilianos, de unos dos metros de alto y enormes músculos, la criatura poseía una especie de coraza natural que surgía de su cuello y cabeza, protegiendo sus órganos vitales y de la que a su vez despuntaban dos enormes cuernos, uno de ellos roto, de aspecto amenazador.

Ataviado con una gruesa armadura de metal de color ocre, la bestia parecía capaz de enfrentarse físicamente incluso a los hombres-dragón más peligrosos, y, según narraban los guerreros, era sólo una de las múltiples formas que conformaban las legiones a las que se habían enfrentado.

Las bestias, que no habían atendido a negociaciones ni ruegos, se hacían llamar Dinosaurios, y en los años y décadas siguientes iban a asolar el mundo y a poner en jaque el poder y la magia de los dragones y del resto de civilizaciones de Etheria.

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