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La Historia de Etheria

Los dragones, según su propia tradición, son los guardianes del Legado, la historia completa de Etheria, de su raza y de las demás que han poblado este mundo.

Por ese motivo, son muchos los grupos y las organizaciones que dedican su tiempo y sus recursos a salvaguardar la historia de Etheria, y no son pocas las bibliotecas que guardan volúmenes arcanos que describen acontecimientos de hace milenios, o artefactos dedicados a salvaguardar la historia gloriosa de los imperios dragón, y de las razas a las que estos superaron en su lucha por el dominio del mundo de Etheria.

Bibliotecarios y sabios compiten entre sí por acumular conocimientos, mientras que numerosas son las bibliotecas regentadas por las razas dragón y que guardan bajo sus colosales estructuras volúmenes únicos que narran tal o cual evento, y a las que acuden desde eruditos a buscadores de tesoros y aventuras, o simples curiosos ansiosos de leer de primera mano las narraciones de las guerras contra los kaheremitas, los elfos de cristal o el Pueblo de la Tenumbra, todos ellos poderosos imperios antaño que pugnaron por el dominio de Etheria con los Reyes Dragón, ahora reducidos a reinos vasallos o a fragmentos perdidos de su antigua gloria.

Existen muchas clasificaciones distintas para la historia conocida de Etheria, pero por lo general, hay un cierto consenso entre las principales organizaciones de historiadores dragoniles en dividir dicha historia en siete períodos.

La Era Oscura (25.000 años Antes de la Gran Tragedia)

Poco se conoce de esta época anterior al surgimiento de los primeros dragones, pero los historiadores hablan de exploradores y aventureros que, en ocasiones, han desenterrado esqueletos colosales de bestias titánicas que debieron poblar aquellos tiempos. También se han rumoreado encuentros, en tumbas perdidas y cavernas selladas para siempre, de aventureros que despertaban horrores ignotos de su eterno sueño sólo para descubrir que había cosas peores que los dragones yaciendo el sueño de las eras.

Nada o casi nada se conoce de esta época, algunas ruinas perdidas que, a la luz de la magia, revelan recuerdos vestigiales de extrañas civilizaciones, primordiales bestias y magias caóticas que poblaron aquellos tiempo del nacimiento de Etheria.

Todo ello ha dado origen a multitud de leyendas que hablan de dioses primordiales expulsados, bestias durmientes, criaturas elementales de gran poder y furia o seres de caos encarnado.

Raro es que algo de aquellos tiempos llegue hasta nuestra era, pero cuando lo hace, reafirma la creencia de que esta era primordial era a la vez, primitiva, fascinante y peligrosa.

La Era del Alba (entre los 25.000 y los 11.000 años A. GT)

El nacimiento de los dragones, o el Alba, como se conoce al advenimiento de las especies dragoniles a Etheria es, paradójicamente, uno de los pocos aspectos de la historia de los Reinos Dragón que no ha sido documentado exhaustivamente.

Referencias al Nacimiento de los dioses, el Gran Desembarco o Alzamiento del Dragón parecen hacer referencia confusa a diferentes orígenes, desde la encarnación de los primeros dragones por parte de los dioses, a la llegada de las razas dragoniles desde otro continente o el surgimiento de una nueva especie que sería la progenitora de los actuales dragones, que algunos llaman los Dragones de Hueso.

La Era de la Afrenta (entre los 11.000  y los 6.000  años A.GT)

Muchos fueron los males que azotaron el creciente, pero por aquel entonces reducido poder de los dragones, en la Era de la Afrenta.

Numerosas las razas que se unieron contra los dragones, acosando sus dominios y emboscando sus partidas de caza y de comercio, las llamadas “bandadas”, y acosando a sus emisarios.

Durante ese tiempo, y gracias a la insidia y la colaboración de los diversos imperios reinantes en aquella época, los dragones fueron expulsados de muchos de sus asentamientos menores, y vieron su poder y sus reinos reducidos en extensión e influencia. El poder en aumento de los dragones fue rápidamente segado por las más ancianas especies de la época, como el mortífero Pueblo de la Tenumbra y su Magia Tenumbral, o las bestias llamadas los Kaiman, enormes y feroces criaturas lobunas de más de tres metros que compartían una mente grupal y aterrorizaban las noches de Etheria en bosques y montañas.

Fue esta insidiosa afrenta, que da nombre a la época, la que hizo que los dragones abandonasen su política de asentamientos pacíficos y no beligerantes y estableciesen una férrea disciplina. Primero, de autodefensa, después de destrucción y conquista de sus enemigos.

Así, un refrán se extendió entre los pueblos del mundo de Etheria, que advierte contra crearse enemigos de forma innecesaria: “No es débil quien crees débil, ni fugaz la ira del dragón”.

Pocos son los ejemplares de las razas dragoniles que han vivido desde esa época hasta nuestros tiempos, la mayoría de ellos se encuentran ahora durmiendo el Sueño de las Eras. Criaturas míticas y legendarias cuyos nombres está grabados a fuego en la historia de los Reinos Dragón, y cuyo despertar ocasional es celebrado como un gran acontecimiento o como un presagio de grandes males que acecharán a ésta raza.

La Era de la Venganza (entre los 6.000 A.GT  y los 0 años)

Seis milenios duraron las guerras contra las razas dominantes de Etheria en aquellos tiempos. Seis mil años de batallas a gran escala, en tierra, mar, aire y en la oscuridad de las profundidades, mezcladas con períodos de paz escasos salpicados de escaramuzas y traiciones.

Nombres como La Batalla de los Zeppelines gobling”, el “Despertar de los Devoradores” o “Los Siete años de Oscuridad” se usan para enardecer los corazones de los soldados de las academias militares, o para encoger de miedo el de los cachorros dragón.

La Era de la Venganza es ciertamente el primer período recordado por una porción importante de dragones vivos en la actualidad. Muchos de ellos nacieron en esta era de gloria y conquista, donde el Imperio de los Dragones, unido bajo la garra de Emarzasthan, la Gloria Dorada, el primer emperador que unificó las tierras, fortalezas y asentamientos de su raza bajo su mando, y los transformó en una máquina de guerra.

Muchos de ellos, también, añoran la antigua gloria y la unidad que este período representa, y recuerdan con nostalgia las relucientes hileras de soldados dragón desfilando por las ciudades imperiales, las armadas de enormes dragones sobrevolando los campos de batalla y las colosales torres de hechicería en las que se gestó la actual magia draconil.

Las Guerras Dragón (entre los 0  y los 8.938 años D.GT)

Si terribles fueron las guerras contra las otras razas, más terribles fueron las guerras civiles entre las facciones dragón.

Emarzasthan logro el completo dominio sobre casi todo el continente y la práctica totalidad del mundo conocido, reduciendo a las razas míticas a reinos vasallos o a esclavos de su imperio y los dragones.

Sin embargo, en el seno del Imperio una gran tragedia se estaba gestando. La ambición y el orgullo de la conquista y las ínfulas alimentadas por las riquezas que arribaban a las ciudades del Imperio elevaron las ansias de poder de generales, nobles, hechiceros y príncipes de todas las castas, escuelas y razas haciendo surgir un gran mal que creció y prosperó en su seno.

Vencidos los enemigos externos y la amenaza a la supervivencia, las intrigas y traiciones comenzaron a pudrir el seno del Imperio, y los primeros conflictos no tardaron en estallar. Pequeños al principio, tolerados por el Emperador Dorado como una forma de mantener en alerta a sus nobles ahora que no había amenazas externas a la vista.

Con lo que Emarzasthan no contaba era con que la ambición corroería los pilares de su propia familia.

La inmortal vida del Emperador Dorado, cuyo reinado parecía estar destinado a perdurar para siempre, levantó suspicacias entre su ambiciosa y consentida prole. Los matrimonios concertados con nobles y príncipes de otras familias, destinados en un principio a cimentar el poder de la familia imperial, tampoco ayudaron a mantener la estabilidad. La ambición se asentó en el seno del imperio, hasta el fatal día que una intriga de varios príncipes imperiales y otros nobles terminó con la vida de Emarzasthan y con su legado milenario, en el Año 0 de la era moderna.

La guerra era inevitable.

El fragor de las batallas ensordeció el mundo y enmudeció a los bardos y poetas que antes cantaban la gloria del Imperio Dorado. Hermanos se enfrentaron a hermanos, y castas y clanes guerrearon unos con otros, y contra si mismos en un intento fútil de lograr la supremacía sobre sus congéneres, y sobre el resto de las razas del mundo.

Éstas, aliadas, muchas veces a la fuerza, otras por voluntad propia, vieron la oportunidad de vengarse sobre sus destructores, y se unieron alegremente a la guerra.

Así, tras un breve período de paz, Etheria volvió a resonar con los ruidos de la guerra y la muerte, y los más viejos héroes, veteranos de la Afrenta, fueron asesinados para dar paso a una nueva generación de gobernantes y guerreros.

Las Guerras Dragón (desde el año 8.938 hasta la actualidad, año del Dragón 12.129 Después de la Gran Traición)

Las guerras intestinas que duraron milenios no dieron ningún vencedor claro, y los Reinos Dragón y el mundo de Etheria sufrieron la mayor carnicería jamás vista.

Las alianzas surgían y se rompían como humo al viento, y nadie parecía encontrar una ventaja clara que durase más de una generación.

Todo ello desembocó en un poderoso desencanto entre los pueblos draconiles, y varios gobernantes ambiciosos que habían olvidado las necesidades de sus pueblos fueron depuestos, lo que alertó al resto de nobles y hechiceros de que quizás la guerra había durado demasiado.

Una enorme paz se gestó en todo el Antiguo Imperio, y poderosas fuerzas buscaron el equilibrio tratando de no perder demasiado poder en las cesiones. La Pax del Dragón había nacido.

Numerosos reinos, comarcas, ciudades estado, torres aisladas, principados, ducados y marcas libres vieron por primera vez una esperanza de paz, y las armas callaron.

Así, durante más de dos mil años, la cultura draconil emergió de nuevo, los reinos prosperaron, con cautela y paso lento al principio, con fuerza después, gracias al comercio, al intercambio, a la magia y a cada vez más confiados y benévolos reinados.

La aventura también tuvo su lugar en esta era, y numerosas bandas mixtas de exploradores y aventureros recorrieron el mundo en busca de criaturas escapadas de los antiguos ejércitos, o nacidas a la luz de la nueva paz, o en busca de reinos perdidos de eras milenarias, magia extraviada y relatos de torres de hechicería donde la magia nacía y moría.

Grandes ciudades surcadas de criaturas asombrosas, y pobladas por edificios singulares se mezclaban con oscuros bosques donde vivían los hombres dragón druídicos y con los templos dedicados a los dioses dragón erigidos en las cimas más altas. Colosales ciudadelas voladoras impresionaban a princesas de ojos dorados, conducidas por duques valerosos o por hechiceros de gran poder, mientras enormes barcos de cascos de maderas milenarias surcaban los océanos comerciando con lejanos puertos en oriente y con las islas, mientras visitan las ciudades sumergidas que resplandecen como perlas en la noche en las profundidades marinas.

Una era de esplendor de templos, gestas y gloria que nos lleva hasta la época actual, inmersos en las riquezas y la belleza de una Etheria que ha dado a luz al mayor y más esplendoroso conglomerado de reinos.

Las bellezas de Etheria son infinitas, y se han multiplicado en esta era, pero las amenazas están lejos de desaparecer, o de disminuir.

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