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Drograuth

Dragón de plumas infernal de Oscuridad, Drograuth alcanzó su fama legendaria durante la Era del Alba.

Miembro del Gran Consejo del Wyrm, su poder le había granjeado la entrada en este exclusivo órgano de la raza draconiana, donde se había ganado una reputación de contrincante inteligente y feroz adversario.

Su hermosura, mezcla de la belleza propia de un dragón de plumas negras y los exóticos rasgos draconianos de la familia demoníaca, multiplicada por los poderes de su aura de seducción, le había convertido en un experimentado intrigante del Consejo.

Su estilo de política seductora atraía a tribunos de toda clase y condición, y ese apoyo le daba una fuerza dentro de los órganos de gobierno con la que pocos contaban. Una influencia que se encargaba de mantener y aumentar con alianzas, pactos dentro de pactos y el indiscriminado uso de títeres y tapaderas para sus operaciones.

Su tela de araña se extendía a la misma velocidad que su fama, llegando incluso a algunas de las razas rivales de los dragones, con quienes forjó alianzas secretas de beneficio mutuo.

Allí donde Drograuth encontraba apoyo y aliados los asentamientos draconianos se detenían, a cambio de beneficios comerciales con esas ciudades o razas, que el propio Drograuth gestionaba a través de primitivas compañías comerciales y gremios. Sus principales aliados fuera de las ciudades dragón eran los elfos de cristal.

Raza milenaria y orgullosa, los elfos no veían con buenos ojos la existencia de una especie expansiva y poderosa que, poco a poco, iba cercando sus asentamientos en los bosques. La alianza con Drograuth era fruto de la momentánea victoria de la facción “acercacionista” que promulgaba una política de colaboración y reparto de tierras con los que ellos consideraban “recién llegados”.

Drograuth supo aprovecharse de ello, y logró tranquilizar a los elfos de cristal al detener los asentamientos más cercanos, al tiempo que usaba los recursos obtenidos para presionar a otras razas enemigas de éstos, y apuntarse numerosas victorias ante el Pueblo del Dragón.

Fue ese apoyo y ese prestigio lo que hizo que algunos de los miembros más antiguos del Consejo y de otros órganos de gobierno se fijasen en él. Su ambición y sus movimientos, inteligentes y audaces para clases bajas y para criaturas inferiores, eran sin embargo claros y cristalinos para los ya de por si intrigantes y sabios co gobernantes.

Así, en una acción concertada, varios nobles apoyados secretamente desde las familias reales, prepararon un meticuloso plan para exponer ante el pueblo sus intrigas.

Lo que hacía fuertes a los dragones, su determinación milenaria, su paciencia y su precisión milimétrica en sus planes, hubiese jugado a favor de los enemigos de Drograuth si no hubiese sido porque el Seductor había encandilado en secreto a Embheratriz, hija de un monarca dragón, y princesa de un reino, quien, estando al tanto de los planes contra su amante, se los reveló.

Lo que debía ser una lenta y estudiada trampa, se convirtió entonces en un movimiento demasiado lento que permitió a Drograuth prepararse.

Tras analizar cuidadosamente con sus generales las posibles salidas, Drograuth llegó a la conclusión de que el poder de sus enemigos era demasiado grande para obviarlo o eludirlo, ni siquiera con el apoyo del pueblo.

Su única salida era el apoyo de las otras razas con las que había entablado alianzas, para usarlas contra sus propios enemigos, restándoles poder y recursos, al tiempo que él huía con sus partidarios, y fundaba su propio reino inalcanzable para los acosados dragones.

Para ello, envió a sus emisarios a pactar contra las facciones guerreras de los elfos de cristal y las otras razas, y mediante una gran traición vendió la piel de sus antiguos aliados en estas sociedades a cambio de garantizarse una ofensiva coordinada contra los asentamientos dragones.

Drograuth vendió numerosos secretos draconiles a cambio de magia extraña, materias primas, dinero y esclavos que usar para construir su reino.

Sin embargo, nada del plan salió como debería haber salido. La ofensiva de las fuerzas agrupadas bajo el nombre de El Pacto tuvieron un éxito desmedido, y numerosos asentamientos exteriores y fortalezas fueron destruidos en cuestión de semanas. Era el comienzo de la Era de la Afrenta.

Los movimientos de Drograuth no escaparon al agudo escrutinio de mentes milenarias, y sus enemigos en los reinos dragones decidieron adelantar sus planes, antes de que éste lograse escapar.

Los asesinos negros enviados contra él le encontraron a punto de abandonar los inmensos salones de la Casa de las Mil Columnas, el palacio de Drograuth, y le dieron muerte junto con sus seguidores.

El imperio de Drograuth no llegó nunca a erigirse, y su figura se convirtió en sinónimo de maldad y avaricia, y pronunciar su nombre se considera un negro presagio que sólo puede traer mala suerte a quien lo haga. Pero se dice que los inmensos tesoros que había reunido antes y después de la traición se encuentran escondidos esperando que alguien los descubra.

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