Recuerdo con cariño mi primera aventura de AD&D, aumque era mala de narices.

Mala, para los estándares que se llevaron años más tarde, desde luego, pero en aquellos tiempos resultó todo un descubrimiento.

La jugué, como master o como jugador, media docena de veces, y desde luego, con ella aprendí lo que eran los elfos oscuros.

No es fácil, con la niebla del tiempo nublando los recuerdos, y hace ya mucho, mucho tiempo, recordar todos los detalles de la aventura, pero en el fondo, sí que queda un poso de recuerdos dulces de unos tiempos en los que era fácil perderse en los sueños que el rol evocaba en nosotros.

Ahora, ya mayores, nos hemos vuelto más exigentes, y quizás, sólo quizás, hemos perdido en parte la capacidad de soñar con libertad.

 

 

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