Creo que ya os he hablado en alguna ocasión de mis primeras jornadas de rol, pero hoy me gsutaría entrar más en profundidad a explicaros lo que significó para mí encontrar a más gente que jugaba a esto.

Tenéis que situaros, corría el año 1990 ó 91, yo tenía unos 15 años, y mi hermano unos 13, año arriba año abajo.

Eran los tiempos del nacimiento del rol en serio en nuestro país. Star Wars, El Señor de los Anillos, James Bond, Rune Quest y toda la batería de juegos de Joc internacional.

Ahora que lo pienso, quizás fuese un año más tarde, porque por aquel entonces ya conocía Leganés, y eso significaba que había descubierto All Stars y que estaba llegando el AD&D de Zinco, lo que situaría todo este lío en 1992.

Fuese como fuese, allí nos fuimos los dos, hace ya más de 15 años, a las jornadas que organizaba el club de rol 7º Grado en La Fortuna, en coincidencia con las fiestas de este barrio de Leganés.

Para situaros, Getafe está al lado de Leganés, pero en aquellos tiempos, quitando Parque Sur, los chicos de Getafe como yo no conocíamos el pueblo vecino más que por los carteles que indicaban por donde se iba a él.

Y el barrio de La Fortuna tenía fama de ser un barrio de los más, “peculiar”, por no decir chungo.

Pero nada de eso lo sabíamos mi hermano y yo, así que allí nos fuimos, un viernes por la tarde, y terminamos en el centro e leganés, dando vueltas por la ciudad buscando la calle con nombre de Sato donde se hacían las jornadas.

Al final, fue la policía de un cuartel cercano la que nos dijo que había que coger un autobús, y que si ibamos a ir sólos. No pillamos la indirecta, el rol lo era todo.

Cogimos el autobús que nos llevó al famoso barrio, separado de Leganés y pegado a Carabanchel, y allí encontramos el centro cívico fácilmente. en él, en plenas fiestas del barrio, un numeroso grupo de chicos realizaba grafitis en los sótanos del mismo, además de llevar a cabo otras actividades.

Cuando por fin encontramos a los miembros del club de rol nos comentaron que las jornadas empezaban el sábado, al día siguiente, y nos preguntaron de donde veníamos.

Tal fue su sorpresa al saber que dos chicos, uno de ellos un niño prácticamente, se habían venido hasta tan lejos (no eran los tiempos de buenos transportes como hay ahora) sólo para jugar al rol, que nos prepararon una partida.

A nosotros y a un par de personas más que se dejaron caer por allí, un hombre que se acercó para ver si aquello tenía algo que ver con Los Pilares de la Tierra y algún chico más.

¿Adivináis a que jugamos?

A un módulo ya clásico de Star Wars de la Revista Lider, Balada Gamorreana.

Terminamos tarde, tanto que nos quedamos sin autobús de vuelta, y el señor de Los Pilares de la tierra tuvo que acercarnos al centro de Leganés en su coche para coger otro autobús.

Fue toda una experiencia, que me enseñó algo que pude certificar con el tiempo.

Jamás se te olvida la cara de alguien con el que hayas jugado al rol, aunque pasen 15 años sin verle, y que, allí, lejos de casa, en un barrio que antes se hubiese considerado peligroso, dos chicos encontramos un grupo de buena gente a la que nos unió una maravillosa afición.

El rol nos unió a ellos y, como he visto en innumerables ocasiones, eliminó todas las barreras y diferencias que hubiésemos podido tener en un principio.

“Balada gamorreana”, qué tiempos.

 

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