Etiquetas

La Realidad tras Habbrumar

La realidad tras Habbrumar es mucho más extraña y aterradora de lo que cualquiera de los implicados ha siquiera soñado imaginar.

Habburmar es el nombre que los habitantes de la fortaleza dan al conjunto que es su hogar, pero ¿quién le dio su nombre original?

El responsable no es otro sino el Dios Muerto homónimo que creó, mejor dicho, la cultivó.

La fortaleza es el palacio de de Habbrumar, un antiguo dios del Conflicto que pasó a formar parte de los dioses muertos cuando su universo pereció.

La terrible sensación de que había sido él el causante de la destrucción de su hogar original, y el intento desesperado de salvar todo cuanto pudo de sus mundos natales, absorbiendo los recuerdos de decenas de miles de criaturas y  pueblos terminaron por enloquecerle hasta el punto de que la culpa le llevó a los planos de las Nieblas Grises.

Se convirtió en uno de los dioses muertos.

Durante eones vagó por los páramos grises sin ningún dominio conocido, hasta que su mente se recompuso lo suficiente como para recordar vagamente su propósito.

Su mente destruida recordaba su naturaleza como patrocinador del conflicto, y su deseo de proteger lo que quedaba de sus mundos natales.

Por ello, creo una fortaleza inconmensurable que se extendería por todos los planos de existencia, creciendo, multiplicando su presencia y siendo hogar y refugio de aquellos pueblos que lo necesitasen.

Su naturaleza caótica y conflictiva, sin embargo, empaña la fortaleza de Habbrumar, imbuyendo a sus habitantes de sentimientos encontrados, y modificando su naturaleza volviéndolos más agresivos.

El conflicto es algo habitual dentro de los minaretes y torres, y se da en todas sus formas.

Para los habitantes de de Habbrumar el conflicto es positivo, pues trae cambio, mejoras y avance, e impide el inmovilismo.

Habbrumar, tanto el dios como la fortaleza viva que toma su nombre y que es ya una expresión de la voluntad del dios, por su parte, fomentan las disputas entre las facciones que habitan su colosal fortaleza, al tiempo que abrazan a quienes lleguen a ella y les dan la bienvenida mientras sutilmente, les van cambiando.

Apariencia y actos

 

Habbrumar posee la apariencia de un hombre de mediana edad, de pelo y ojos negros, y cuyo semblante no puede sino describirse como enigmático.

Pasea por los salones y pasillos de la fortaleza, yendo donde le place, sin que nadie se percate de su presencia, observando, aprendiendo e instigando sutilmente cambios que remuevan el status quo cuando considera que algún habitante de ella se ha estancado o ha perdido empuje.

En su mente enferma, cree que la única forma en la que puede garantizar supervivencia de sus habitantes es mediante el conflicto eterno en sus mil formas, seleccionando a los mejores, haciéndoles evolucionar, desarrollarse y prosperar, hasta que llegue alguien más preparado y se imponga.

A Habbrumar no le importa, él ve la fortaleza como un todo que forma parte de él, y contempla la vida en ella como una suma de partes que forman un ser vivo. Como un organismo que resiste la llegada de virus, y agentes externos, sumándolos a su interior, y adaptándose.

Mientras exista conflicto, Habbrumar sobrevivirá.

Lo que su mente olvida es que fue esa escalada de conflicto sin cese lo que destruyó su mundo de origen, y quizás esté condenando a la fortaleza al mismo destino, arrastrando a al resto de los planos con él.

Las Nieblas Grises de Habbrumar

 

Los Dioses Muertos usan las nieblas grises como expresión de su voluntad y su poder. Debido a sus peculiaridades únicas, cada dios utiliza esas nieblas de una forma distinta, otorgándoles, a las mismas nieblas y a sus seguidores, poderes únicos e inimitables.

Habbrumar no es una excepción.

El dios del plano del conflicto, nombre que recibe la fortaleza, emana el poder de las nieblas grises en forma de poderes de combate y metamorfosis.

Las nieblas grises del dios muerto del conflicto crean objetos épicos capaces de causar metamorfosis, influir en el ánimo de los oponentes o hacer al portador más adaptable.

Las nieblas grises de Habbrumar invaden de cuando en cuando segmentos de la fortaleza, alterando a sus habitantes, y trastocando las estructuras establecidas. Este fenómeno, que comúnmente llaman, La niebla de la locura, parece ser aleatorio, y no tiene nada que ver con las intervenciones quirúrgicas de Habbrumar para desestabilizar a un gobernante demasiado poderoso, o debilitar una criatura amenazadora.

Anuncios