El peregrinar por el desierto de la serie de cómics Iron Man terminó de la mano de Warren Ellis y Adi Grahov en la saga Extremis.

El retorno al buen hacer gráfico y el rediseño del presonaje por parte de este último, junto con un guión interesante que devolvía a Tony Stark a su lugar en el universo Mavel (el vanguardista del futuro, quien probaba el futuro para todos los demás y se lo acercaba) se conjugaron para crear una saga revoluncionaria y espectacular.

En Extremis, Stark se reencuentra con dos personajes de su juventud, creados por Ellis, que nos introducen en esta idea de que el objetivo de Iron Man/Stark es probar el futuro.

Un virus tecnologicamente modificado ha sido robado de unos laboratorios de alta biotecnología en los que trabaja Maya Hansen, conocida de Stark, y genio de la biotecnología.

El virus Extremis convierte a quien logre sobrevivir a él en un ser biológicamente mejorado y los terroristas que lo han robado pretenden usarlo para cometer los actos más terribles.

Uno de ellos, quien se ha inoculado el virus, causa el terror por todo Estados Unidos hasta que se encuentra con Iron Man. De la pelea resulta te, digamos que nuestro héroe no sale muy bien parado, por lo que queda claro que el concepto de simple armadura de alta tecnología se ha quedado anticuado.

Stark debe someterse a la inoculación de una dosis Extremis para sobrevivir a las heridas de la batalla, lo que traerá como efectos secundarios una unión de la armadura y su sistema nervioso.

Iron Man entra así en una nueva etapa.

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