Pasear por mi ciudad y alrededores por las calles comienza a convertirse en un ejercicio un poco macabro.

Son demasiadas las calles en las que los recuerdos de mi infancia relacionados con el rol y la fantasía me asaltan, trayendo consigo el amargo sabor de muchas derrotas.

Numerosas son las librerías en las que compraba librojuegos que han cerrado, muchos los quioscos que dejaron de vender la Dragón cuando ésta cerró, y que ya no venden nada, varias las bibliotecas que dejaron de prestar libros de ciencia ficción, y las jugueterías que vendían figuritas Citadel, juegos y suplementos de Hero Quest, o librerías especializadas como Ripley, Babilonia, All Stars…

Quedan al menos los recuerdos, y las increíbles aventuras que vivimos gracias a ellas.

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