Me gustan los mundos post apocalípticos. No me refiero a los mundos de los años 80 en los que se nos mostraban mundos que habían sobrevivido a duras penas a una guerra nuclear.

Me refiero a los más “actuales” (de moda) mundos postapocalipticos derivados de plagas, enfermedades, desastres medioambientales a gran escala, o simples apocalipsis zombies.

Es fascinante porque pone de manifiesto cuántas cosas damos por sentadas, y cuantas cosas se podrían torcer muy rápidamente en desastres que en algunos casos no están tan lejanos a lo posible.

Hablo del cambio climático, del fin de la era del petróleo, o de desastres biológicos, nanotecnológicos o de inteligencia artificial, una guerra a gran escala, el terrorismo informático.

La crisis ha puesto en evidencia que no hace falta mucho para hacer retroceder los derechos que dábamos ya por sentados e inmutables.

Sanidad, educación, trabajo…

Por otro lado, ¿queréis saber qué infraestructuras es necesario destruir en España para paralizar el país? Sólo tenéis que echar un vistazo a la segunda página del diario Público del día 26 de septiembre de 2010 (hoy, para mí).

Ahí muestran las infraestructuras que los sindicatos quieren parar durante la huelga general. Añadidle estaciones de bombeo de agua y eléctricas y ya lo tendremos todo.

Un ataque masivo contra ellas, aunque fuese informático, nos pondría al borde de una de esas ficciones que tanto nos llaman la atención.

Para que luego digan que la ciencia ficción no sirve para nada.

Anuncios