Cuando Los Cuidadores de la Divinidad decidieron abandonar Sigil, pues representa, según ellos, la antítesis de todo aquello en lo que creen, y se dispersaron por el multiverso en busca de dioses, poderes, conceptos y semidioses a los que servir, un grupo de Cuidadores terminaron recavando en el plano Astral.

Allí, eventualmente, asistieron horrorizados a un desafío a su filosofía, los dioses yacentes.

Cadáveres de dioses, o cuerpos inermes de los mismos, que habían perdido el favor de sus creyentes y encontraron la muerte o la apariencia de ella en el plano Astral.

Enfrentados al fin último de su misión, tuvieron que decidir entre abandonarla o reafirmarse en ella, y decidieron esto último.

En lugar de ver la muerte de los dioses como una muestra de que incluso la divinidad se extingue, vieron en ello una verdadera prueba de su fe, un desafío a su filosofía que, al mismo tiempo, les daba sentido.

Si la divinidad no podía morir, ¿por qué protegerla y cuidarla entonces?

Así, sintiendo que la existencia de dioses yacentes era la prueba misma de la necesidad de su servicio a los seres divinos, se decidieron incluso a continuar con dicho servicio incluso después de la muerte de los dioses.

Así, recurrieron a sus inmensos recursos, acaparados tras siglos de servidumbre ascética y sacrificio a su causa, para crear el Camposanto de los Dioses, llamado por los habitantes del plano astral “El Campo Santo de los Cuidadores”, y entregaron sus vidas a reunir con respeto y ceremonia los cuerpos muertos de los dioses, y a enterrarlos en inmensos panteones de roca y metal que flotan en el camposanto. cada uno, de una forma y tamaño, rindiendo honores y contando la historia del dios que mora yacente en su interior, a través de grabados, relieves y pinturas.

Esto, además de una tarea ímproba, ha sido elogiado y admirado en los salones a lo ancho de los planos, desde Arbórea al Abismo, y desde las Tierras Exteriores hasta los Planos interiores. Los poderes, y sus servidores, ven en su tarea un acto de servicio y respeto supremos que no ha hecho sino aumentar el prestigio de los Cuidadores entre los sus filas, al tiempo que alimentaba el resquemor de otras facciones como los Athar.

Su mayor éxito, y al mismo tiempo un error estratégico de los cuidadores, fue el asalto a la ciudad-fortaleza githyanki de Ararditzherai, edificada sobre el antiguo dios Evras, arrebatándoselo a esta raza, y destruyendo completamente la ciudad en la operación.

Obviamente, esto no gusto mucho a los githyankis, quienes han jurado destruir el camposanto y expulsar o matar a todos los cuidadores del Astral, lo que, paradójicamente, ha atraído al curiosidad de la raza hermana, los Githzerai, quienes ven a los cuidadores al mismo tiempo como una oportunidad y como una amenaza.

Hasta ahora, el aprecio que los dioses y poderes de todo signo, origen y alineamiento sienten por los Cuidadores les ha valido recursos y protección suficientes como para continuar con su labor, aunque diversas expediciones de cuidadores han sido atacadas por partidas gith que les acechaban en los alrededores de los cadáveres que deseaban recuperar.

(Nota: habréis comprobado que uso el término dioses yacentes para referirme a los cadáveres de los dioses que moran el plano Astral. Esto es así para diferenciarlos de los Dioses Muertos, un panteón divino y alienígena completo que ideé para nuestro juego Black Hammer, y que espero poder ir desarrollando poco a poco)

Ver: Los Cuidadores de la Divinidad

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