Con el número cero de la saga se abrían ante mí esperanzas de un cambio en el universo mutante que le devolviese a su antiguo esplendor.

De la misma forma, esperaba una regeneración del mito del vampiro que dejase de lado moderneces sin sentido como que los vampiros brillan al sol como diamantes y esas cosas.

Vampiros contra mutantes, la cosa, si se hacía bien, prometía poner interesantes algunas cosas en un universo mutante ya demasiado trillado y en el que sólo brillan algunas ideas puntuales, casi siempre en la colección Astonishing.

Sin embargo, este número previo a la saga me ha desilusionado un poco.

Los vampiros han tomado últimamente un carácter que hacía que esperase esta saga con ansiedad…¿volverían a su antiguo misterio y misticismo? Se convertirían de nuevo en las aterradoras criaturas de la noche que deberían ser y como así lo anunciaban o seguirían siendo una panda de colmilludos molones …

Veremos el desarrollo futuro de la saga, pero por el momento, puedo deciros que no lo han conseguido.

El número cero (y a partir de aquí ya es spoiler) nos presenta a varios clanes vampíricos divididos entre quienes quieren seguir ocultos y quienes desean apropiarse del mundo. Nada nuevo bajo el sol, o mejor, dicho, bajo la luna.

La novedad es que quienes representan las dos encarnaciones de ambas facciones no son otros sino los hijos de Drácula (un Drácula al que uno de ellos asesina y que en nada recuerda al de la serie de cómics original o a anteriores encarnaciones).

Vemos vampiros guerreros, sectas orientales, clanes de seductoras. Todo muy al hilo del juego de rol Vampiro, pero sin llegar a alcanzar el carisma que tenían en este juego los chupasangres.

En Vampiro, se rompió la tendencia de considerar a los vampiros como los aterradores monstruos que habían sido hasta el momento. Anne Rice con sus novelas y Reing♦Hagen con su juego cambiaron para siempre el paradigma del vampiro.

De hecho, el comienzo de la saga me recuerda más a dos fuentes anteriores de la mitología vampírica, el cómic Wetworks de Portacio (quien por cierto vuelve a dibujar X Men en breve según parece *), y la película Vampiros en la Habana, porque parece que todo el plan del maloso gira entorno a unos amuletos que doblan el espectro ultravioleta de la luz alrededor de su portador y permiten así a los vampiros salir al aire libre.

Nada espectacular ni novedoso. Veremos si la saga me sorprende en su desarrollo.

Notas:

* Portacio fue uno de los dibujantes que me atrajeron en los años 90 a la franquicia mutante. Justo antes de irse a fundar Image, su saga en la que presentó a los Arribistas, Bishop, nuevos centinelas y a Trevor Fiztroy supusieron una revolución gráfica de la que, en aquel momento, el resto de cabeceras del Universo Marvel no disfrutaban. Fueron los tiempos de Jim Lee.

 

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