Traición

 

La sala estaba abarrotada. Alrededor de la imponente mesa los delegados de las Altas Casas discutían los términos de la tregua que debía prorrogarse ese mismo año.

La mayoría de ellos no querían que esto sucediese, y esperaban ansioso el momento de abalanzarse sobre los hombres y el cosmos de nuevo, como las bestias primigenias que en realidad eran. Llevaban semanas discutiendo los pormenores de la tregua, y sólo el poder que detentaban los Renegados, aliados de los humanos, impedía que las altas Casas y los Gremios abandonasen la sala rompiendo el alto el fuego.

Fue sin embargo a última hora cuando el anfitrión Lord Drusin, acompañado por su esposa, Dama Miailin, lograron arrancar una promesa de apoyo en el Alto Consejo de las Mareas a la mayor parte de los presentes. La tregua se mantendría.

Los delegados marcharon a sus casas, y sólo quedamos en la sala Dama Miailin, Lord Drusin y yo, Admun Char, aliado de los Drusin y hermano de Primarcar el líder Renegado.

Lo que vino después es un hecho vergonzoso para mí. Siempre me he creído un hombre de honor, y por eso lo cuento en mis crónicas, pero me avergüenzo profundamente de lo que pasó a continuación.

En medio de la mesa se abrió un enorme portal, del cual surgieron varias criaturas semejantes a demonios. Rápidamente, se abalanzaron sobre nosotros.

– Protege a mi mujer – me grito Drusin mientras se adelantaba para detener las hordas vomitadas por el portal.

Ambos, dama Miailin y yo corrimos hacia la puerta, pero estaba sellada por una magia de increíble poder. Me volví furioso hacia nuestros atacantes, justo a tiempo para ver a cinco Ichar surgir de la abertura.

Lord Drusin dio cuenta del primero de ellos con un golpe de su lanza, que había recogido de la pared donde las mantenía expuestas para impresionar a sus invitados. Otros dos se enzarzaron con él, y la pelea hizo que los mismos cimientos del palacio temblasen. Días después, supimos que el combate había causado un maremoto en la superficie que había alcanzado Japón.

Yo corrí hacia los dos restantes, mientras los rayos golpeaban las paredes, mantando demonios y bestias por igual.

Llamé a mi fiel espada, que descansaba en mis habitaciones, pero la magia impidió que acudiese en mi ayuda. Por ese motivo tuve que luchar con las manos desnudas con mis dos rivales.

Fue una lucha épica, en la que me pude imponer no sin resultar herido en varias ocasiones.

Cuando levanté la vista de del cuerpo ensangrentado al que había quitado la vida, mi visión se nubló de temor.

Lord Drusin habían terminado con sus oponentes, pero un sexto un Ichar al que no conocía pero de gran poder, surgió de la nada y atravesó a mi aliado y amigo con una espada. Las fuerzas de Drusin se apagaron, pues la espada debía estar maldita por el mismo poder que había sellado la sala.

Sus ojos me miraron un segundo, para después fijarse en los de su amada. Allí encontró la paz y la muerte. Al principio no supe cómo reaccionar, y debo confesar avergonzado que su ejecutor hubiese escapado si Dama Miailin no hubiese recogido al ensangrentada lanza del suelo y hubiese atravesado a su enemigo.

Tan de improviso como se abrió, el portal se cerró ante nuestros ojos.

Es este el motivo de mi vergüenza, no pude evitar que mi amigo muriese ante mis ojos, ni pude vengar su muerte.

Sin embargo, sí que puedo buscar al Ichar responsable del ataque. Sé que por su poder tiene que ser alguien de inmensa influencia, y le buscaré hasta en el infierno si hace falta. Ese enemigo, ha revividos los pactos demoníacos que estuvieron a punto de destruir nuestra raza hace millones de años, y temo que pueda ser uno de los Seis Primero perdidos.

Pero sea como sea, le encontraré y recuperaré mi honor.

– fin –

 

Anuncios