Sahi-Yion

Sahi-Yion es uno de los Renegados más famosos entre los Ichar.

Su legendaria sabiduría le hizo alcanzar un sillón en el Alto Consejo de las Mareas desde muy joven, pasando por encima de miembros de su casa que llevaban mucho más tiempo esperando ese honor.

Pronto, sus exploraciones y las riquezas que traía con él se hicieron famosas. Él decía que exploraba el cosmos en busca de sabiduría y crecimiento. Pocos entre su raza, aviesos y desconfiados, le creían. Pero las maravillas que contaba, los mapas que trazaba y los artefactos y riquezas que proporcionaba a su casa y a la raza Ichar le convirtieron en alguien muy bien visto en los recién surgidos gremios.

Antes de que el éxodo obligase a los Ichar a explorar el Cosmos, Sahi-Yion ya había vuelto su incesante curiosidad hacia la estrellas.

La llegada de los hombres no hizo sino avivar su interés en el plantea Tierra, una raza tan despierta y de tanto potencial, pero a la vez capaz de cometer los mismo errores que los Ichar, no pudo por menos que atraer la atención de este Ichar hambriento de conocimiento.

Comenzó a vivir en Atlantis, la ciudad libre de Primarcar. Y allí comprendió las maravillas que Ichar y hombres podría lograr juntos. La caída de Atlantis bajo el ataque de Lilith fue el más duro golpe que este Ichar podría haber esperado.

En pocas horas, sus sueños de que hombres e Ichar buscasen juntos el conocimiento se esfumó, y ante la desaparición de Primarcar, Eva y la dispersión de sus compañeros y aliados, Sahi-Yon tomó la decisión de huir muy lejos de las Doce Ciudades.

Con él se llevó sus secretos más ocultos, sus misterios mejor guardados, y viajó hasta encontrar un lugar en el que reposar y meditar hasta el fin de los tiempos.

Ese lugar fue Japón.

Los hombres que fueron llegando a donde él se encontraba, cuando decidía mostrarse a ellos le confundieron con un dios, al que llamaron Shusano. Sahi-Yion aceptó la presencia calmante de los hombres y mujeres, y aceptó guiarles por el camino de la sabiduría y el honor.

Con su ayuda, el Japón que conocemos tomó las tradiciones y la cultura qua han imperado hasta el día de hoy.

Grande fue, sin embargo, la sorpresa de Sahi-Yion cuando un enviado que decía hablar en nombre de Primarcar se presentó ante él en el palacio de la montaña desde el que observaba el devenir de la nación que se estaba formando a sus pies.

Al no estar preparado para retornar con sus hermanos, rehusó la oferta de unirse al nuevo proyecto de su antiguo amigo Primarcar, y decidió seguir vigilando los progresos de su nación hasta que este proyecto tomase una nueva forma, lo que sería la Ciudad de Nueva Atlántis.

Sin embargo, Sahi-Yion jamás llegaría a conocer esa ciudad. Con la llegada de la era Meiji, los extranjeros comenzaron a llegar a sus tierras. La apertura que el emperador había propugnado, amparada por el mismo Ichar, abrió también las puertas a la llegada de occidentales.

Lo que Sahi-Yion no vio hasta que fue demasiado tarde es que entre ellos, venían numerosos esclavos de los Ichar de las Doce Ciudades. Dispuestos a infiltrarse en la isla que él había tomado bajo su protección.

Poco a poco, escaramuza tras escaramuza, Sahi-Yion descubrió que tras este ataque estaba un único Ichar, cuya identidad aún hoy permanece oculta a pesar de todas las investigaciones y expediciones que él ha impulsado.

Los partidarios de este Ichar oculto tomaron el poder durante la segunda guerra mundial, al dominar un campo que Sahi-Yon había obviado, la industria.

Su pueblo y el del Emperador sufrieron por las decisiones de unos pocos títeres del oscuro, y Japón sufrió una humillante derrota.

A pesar de ello, Japón y Sahi-Yion sobrevivieron a su destino, y el Ichar comprendió que si no se adaptaba al mundo, el mundo terminaría por destruir su obra, como había hecho con la antigua ciudad de Atlantis.

En pocos años, Sahi-Yion ya disponía de sus propios infiltrados en el sistema industrial, y en un par de décadas, había adoptado la forma e un moderno shogun económico que dirigía un keiretsu de empresas como jamás se había soñado.

Docenas, cientos e grandes compañías le pertenecían, y él las dirigía en busca de una mayor prosperidad para su pueblo. La tecnología, la ciencia y el arte fueron impulsadas por sus planes, hasta la segunda llegada de los siervos del oscuro.

Hace unos diez años, cinco antes de la llegada de los Ichar, los esclavos de su enemigo oculto volvieron a resurgir, obligando a Sahi-Yion a entablar una lucha económica, política e incluso en las calles contra ellos.

La guerra encubierta causó grandes daños a la capacidad del Japón de mantenerse a la cabeza de la economía mundial, llevándole a una crisis que duró hasta la llegada  de los Ichar.

Fue entonces cuando Primarcar volvió a ponerse en contacto con él, invitándole a ir a Nueva Atlantis, y a tomar parte en sus planes para detener la guerra.

Sin embargo, de todas las naciones del mundo, Japón estaba siendo una de las más castigadas por esta raza, lo cual no hacía sino confirmar las sospechas de Sahi-Yion de que un poderosos Ichar estaba detrás de los sucesos que habían amenazado a su nación desde hacía siglos.

Rehusó tomar parte directa en la guerra civil de los Ichar, quedándose para defender a su pueblo, y para oponer una feroz resistencia a su enemigo.

Ahora, con el fin de la guerra. Japón comienza a vivir una nueva era dorada. Las necesidades de reconstruir de cero, su facilidad para adaptar y desarrollar tecnologías, su acceso a los recursos de las nuevas especies que llegan a la Tierra, y su estructura empresarial y social han convertido a este país de nuevo en una promesa que podría encabezar la lista de las naciones más ricas y avanzadas. Siempre que consiga manejar la reconstrucción.

Numerosas preguntas y amenazas surgen en el horizonte para Sahi-Yon.

¿Quién es ese mortal enemigo? ¿De donde viene y por qué parece conocerle? ¿Es alguien de su pasado? ¿Durará la paz lo suficiente como para que Sahi-Yion logre llevar de nuevo a Japón hacia su destino?

Todas esas preguntas están aún sin respuesta, y quien sabe si la encontrarán en le futuro.

 

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