Eveleissar, Madre del Millón de Mundos

Ella se levanta de la cama, después de una noche como la que sólo un ser de experiencia inmortal puede proporcionarte. Los reflejos de los rayos de sol que penetran la superficie, a unos cien metros por encima de las torres de Ciudad Casiopea, rielan en las paredes, dándole el aspecto multicolor que me ha despertado cada día desde que Jayimah me invitó a mudarme a su palacio de la ciudad.

Ella es mi amante, una princesa menor de una casa menor, de una ciudad más, pero a pesar de todo, un Ichar. Y aún así, creo que me ama, o me encuentra divertido. Puede que para los Ichar ambas cosas sean lo mismo, tan insondables son sus almas.

su hermoso cuerpo desnudo se para frente a un ventanal desde el que se extiende toda la ciudad, y los escasos rayos de luz que llegan a esta profundidad arrancan todos plateados de su piel.

No puedo ver su rostro, pero parece absorta contemplando la ciudad.

– ¿Puedes oírlas? – me dice sin que yo sepa a qué se refiere – ¿Puedes oír las voces que intentan doblegar mi mente mientras estamos aquí? ¿qué tratan de que entregue mi voluntad y me una a algo que desconozco, pero que me repugna?

– No puedo oír nada, Jayimah – le respondo como otras veces.

– Cada vez son más fuertes, no sé cuánto tiempo podré resistirlas, no cesan.

Contemplo con angustia cómo su poderoso cuerpo se estremece, como si un escalofrío lo recorriese, y por un segundo siento preocupación y miedo de algo que puede hacer temblar a uno de los señores de la Creación.

– ¿Por qué no nos marchamos de la ciudad y escapamos? – mi voz suena casi como un ruego, una velada súplica impotente.

– ¿Y dejar a la familia y la protección de este lugar? – me dice mientras se vuelve y, ya recompuesta, sonríe hermosa y radiante. – Hay cosas mucho peores de cualquier cosa que la ciudad y nuestros enemigos nos deparen – susurra cerca de mi cuello, casi no la he visto acercarse – déjame que te cuente la historia de Eveleissar.

“Eveleissar fue una gran guerrera de los tiempos de los ancestros, tiempos en los que solos los más antiguos de nosotros habitaban la Tierra. Los rumores susurran que sus padres fueron Lilith y Primarcar, hija primogénita de dos de los más poderosos Ichar. Imagina su poder.

Durante eones, vivió feliz y despreocupada hasta que las guerras Ichar destrozaron nuestro mundo y contempló cómo sus padres y hermanos se volvían unos contra otros a causa de tu raza, los hombres.

Incapaz de decidir qué bando debía tomar, Eveleissar huyó, perdiéndose en las profundidades del cosmos y dejando a sus padres en un combate a muerte.

Un combate qué, como sabes, destruyó la ciudad de Atlantis, exilió a mi pueblo, y fue el origen del dominio del hombre sobre este mundo.

Nada se supo de ella en los milenios subsiguientes, hasta que durante una cruzada de expansión del imperio, las legiones Ichar llegaron a un mundo muerto, iluminado por una lejana estrella moribunda y por una enana marrón que parecía estar a punto de devorarlo.

Era el mundo que Eveleissar había escogido como su hogar en el exilio.

Durante milenios, lo había transformado, impregnado, corrompido y reformado a su imagen y poder. Cara roca, cada río de metano, cada océano de cristal o mercurio, cada nube de ese gigante de roca estaba en perfecta comunión con la esencia del Ichar.

Lo peor no es que Eveleissar yaciese en sus entrañas como una madre eterna, sino que su mente había cambiado y se había expandido, transformado, hasta le punto de ser algo incognoscible e incomprensible para los Ichar que llegaron allí.

Pronto pudieron sentir, toda la legión, compuesta por diez mil Ichar y decenas de miles de esclavos y bestias de todo tipo, que algo no era natural en aquel mundo.

Fue poner un pie en él y todos eran ya un juguete en manos de Eveleissar.

Sólo podemos especular qué ocurrió a través de la recopilación de los recuerdos arrancados a los Ichar que fueron encontrados en un campo de asteroides cercanos a una marca externa. Todos vivos, pero con la memoria de los días recientes destruida. Ni un sólo esclavo o bestia con ellos, quizás Eveleissar se los quedó como juguetes, perdonando la vida de sus hermanos Ichar. Quien sabe qué pasa ahora por su mutada mente.

Fueron necesarios los esfuerzos de los mejores arcanos, de los Ichar más antiguos y de los más tenebrosos maestros de la disciplina Egho para recomponer desde su subconsciente el relato de lo sucedido durante sus lagunas de memoria.

Al parecer, Eveleissar, imagina nuestra sorpresa cuando comprendimos quién estaba detrás del suceso. Imagina nuestro asombro y nuestro temor.  Al parecer, nuestra hermana mayor había estado muy ocupada tejiendo una red de energía del Egho, nuestra disciplina mental, de tal magnitud e intensidad que atrapó a toda una legión. Su dominio de este arte debe ser aterrador, por el Creador, si hasta podría ser quien lo inventó.

Inmediatamente, toda la legión, desde el más pequeño esclavo hasta el más terrible y poderoso mariscal, seres capaces de apagar soles, amor mío. Todos ellos cayeron en un estado de ensueño artificial en el que vivían sus más terribles pesadillas, o lograban sus más oscuros anhelos.

Mundos completos subyugados, marcas y provincias asentadas en lugares tan distantes que casi podías tocar la luz e los primeros días, paisajes increíbles con torres de poder inenarrable derrumbándose con el paso del tiempo. En todos ellos, sucediendo extraños sueños, teniendo lugar los más depravados o hermosos actos.

Sueños mezclados con lo sueños de otros, sueños dentro de sueños, dentro de sueños. Uno de nuestros arcanos dice que el Ichar que examinó vivió mil vidas en pocas horas, y cada sueño de esas mil vidas, era la puerta a más vidas eternas, a más sueños, y a su vez, a más sueños y vidas.

Imagina la complejidad de esa red onírica, imagina el tejido, vibrante y casi físico, que los sueños formaron. E intenta imaginar el sentido de todo ello. Nosotros no hemos sido capaces de encontrar una explicación lógica o ilógica, a la recreación que tuvo lugar allí.

¿Qué sentido tiene, por ejemplo, hacer vivir a un padre la muerte de su hijo, desde la perspectiva de todos los presentes que los recuerdos del padre situaban en la escena, incluyendo las del propio difunto?

¿Qué sentido tiene hacerle vivir la vida del hijo? ¿Y soñar los sueños que su descendiente había soñado? ¿qué sentido le ves a hacer que un padre sueñe que en sueños su hijo deseaba matarle para heredar su poder?

Las proyecciones dicen que lo Eveleissar no buscaba nada, ni siquiera comprensión, nada que podamos entender. No les robó su poder, ni les implantó nada, ni siquiera recuerdan las vidas que soñaron.

Fuera como fuese, quizás Eveleissar logró su objetivo. Cada luna, varios Ichar desaparecen de sus ciudades. algunos rastros mágicos parecen conducir al sector donde fue localizado el mundo que habita, que es, Eveleissar. Quién sabe qué deseos pretenden cubrir yendo allí.

De la misma forma, de vez en cuando alguno de ellos es encontrado cerca de su casa, desvanecido e indefenso, sin recordar nada de lo transcurrido desde su partida.

Sus mentes aparentemente intactas, pero aterradoramente diferentes si sabes cómo mirar.”

– Amor mío, – me susurra – hay cosas ahí fuera que es mejor no llegar a conocer, y que un humano y una princesa Ichar no podrían soportar. Créeme que es mejor permanecer tras los muros protectores de tu hogar, antes que embarcarte en un camino que no sabes donde te va a llevar.

Y mientras caminaba hacia la puerta de la habitación, no cesaba de murmurar – ¿las oyes de nuevo? ¿qué querrán? ¿qué tendrán que decirme?

Y un escalofrío recorrió mi cuerpo.

autor de la imagen: Pulo

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