Recuerdo durante mi niñez con especial cariño una librería llamada La Gaviota, en Getafe.

Es uno de esos lugares especiales que marcan a uno, pues íbamos en peregrinación casi cada día a sus escaparates a ver qué novedades de librojuegos habían salido.

Recuerdo con emoción la intensa sensación de magia que envolvía cada portada de libro, cada título nuevo que descubríamos. El olor que aspirabas al entrar, único como ya no queda en casi ninguna librería, y la columna donde los librojuegos negros y azules se agolpaban en una perfecta hilera de sueños.

Recuerdo cómo una noche de reyes acompañé a mi madre en busca de un juego para mi hermano, un sencillo juego de hípica, pero con el que jugamos años.

Muchos diréis que este post no es algo que pueda interesaros, ya que son vivencias personales y sólo yo entiendo su importancia, pero a buen seguro tenéis un puñado de recuerdos como este de lugares especiales que significaron mucho en vuestras vidas como aficionados al cómic, al rol o al mundo del fandom en general.

Tiempos pretéritos que marcaron el cómo somos, el qué soñamos y cómo respiramos la magia que envuelve nuestra afición.

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