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Creo que en alguna ocasión ya he explicado una de las ideas motora del juego Guerras Eternas y su juego hermano, Imperio.

Concebí el universo de La Esencia como una metatrama, una especie de capa que se podría situar sobre otros juegos y mundos para darles un toque distinto.

Recordemos que Guerras eternas narra una lucha épica entre el bien y el mal, sin contemplaciones ni medias tintas, sólo supervivencia y lucha.

Imperio, por su parte, sumerge a los personajes en el papel de miembros del más grande y poderoso imperio que se puedan llegar a imaginar, un imperio, eso sí, acechado por mil enemigos a cual más poderosos, deseosos de arrebatarle el trono universal.

En ambos juegos, las motivaciones de los personajes eran simples y obvias, vencer al enemigo o engrandecer el poder de su hogar, aunque como todo en el rol, se podrían complicar hasta el infinito.

Pues bien, lejos de dar importancia al reglamento como era la moda en la época con el D20 y las licencias abiertas, o de ser un universo cerrado como Mundo de Tinieblas, mi idea con Guerras Eternas era llevar esa capa, esas motivaciones, a un nivel superior.

Es decir, que bien un juego u otro se superpusiesen sobre otros juegos, y pudiesen ser jugados con otros reglamentos.

Tarea bastante sencilla debido al ámbito de juego, la Esencia.

La Esencia era tan grande que es probablemente el mayor escenario jamás soñado por nadie para un universo de fantasía.

No exagero, echadle un vistazo a la descripción del universo y a la forma de viajar entre ellos y podréis ver cómo no estoy exagerando ni un poquito.

Pues bien, la idea era esa. La Esencia era tan grande, tan colosal, que cualquier mundo o universo podía existir en ellas, así que los jugadores bien podían aplicar esta trama a sus mundos del juego que desesaseny jugar en ellos.

Una idea interesante…¿verdad?

 

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