Me apasionan los compendios de monstruos, creo que lo he repetido en innumerables ocasiones.

Me encanta sumergirme en las historias de los monstruos y las criaturas allí enumerados, ver sus estadísticas, sus hábitats, las ideas que sugieren aventuras sin fin.



Pero si algo fascina del rol a quienes juegan, además de la promesa de aventura y emociones sin límite, son los mundos del ro.

A lo largo de los 35 años en los que el rol ha existido alimentando la imaginación de los jugadores se han creado o adaptado múltiples mundos para uso y disfrute de los jugadores.

 

Los jugadores de rol hemos jugado en mundos donde habitaban dragones y peleaban inmensos ejércitos de espadachines y caballeros antes de que Geroge R.R. Martin hubiese concebido su saga de Juego de Tronos, hemos peleado contra vampiros, o nos hemos convertido en uno de ellos antes de que Crepúsculo saliese de la pluma de su creadora. Hemos ido a escuelas de magos antes de Harry Potter, visitado mundos pulp donde criaturas del fondo de la Tierra amenzazaban la humanidd, surcado el espacio, peleado contra horrores innombrables, usado armas mágicas para abatir robots mientras nuestros compañeros surcaban la red de realidad virtual.

Hemos concebido mundos donde criaturas de las profundidades de nuestro pasado despertaban, o donde las máquinas se enseñoreaban por mundos victorianos, o por reinos mágicos. Hemos creado mundos donde dragones pelean con dinosaurios y donde la civilización esta acosada por el mal, o por la Plaga.

Hemos caminado junto a la muerte, pilotados mechs, creado escuelas de magia que trascendían las generaciones, nos hemos convertido en hombres lobo, en cazadores de muertos, en amantes fantasmagóricos. Hemos edificado naciones e imperios, o los hemos hecho caer.

Durante décadas, hemos creado la más increíble colección de mondos donde vivir nuestras aventuras. Y lo hemos hecho desplegando una imaginación que ni guionistas de cine, ni escritores de ciencia ficción han logrado superar.

 

Y es que si algo sobra en este mundillo son buenas ideas, y lo que falta es, quizás, capacidad para llevarlas a cabo.

Otro día hablaré de cómo convertir los sueños en realidad, y de cómo escribir, editar y difundir tu propio juego de rol. Espero que ayude a alguno a hacerlo.

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