Los Invernaderos de Seesa han dado muchas plantas maravillosas para aliemntar las ansias de poder y efectos semimágicos de los Magos Abóreos y los alquimistas vitriales.

La Flor Negra, la Vitriólica, las bayas de Arcorendra.

Pero muchas otras no son originarias de la ciudad, sino que encuentran su origen en otros lugares, otras ciudades, sitiadas igual que Seesa, y conectadas sólo por la Caravana.

Una de ellas, quizás la de origen más exótico, es la Flor de Cronotendra. Originaria de la Ciudad de las Horas Perdidas, un castillo solitario erigido por el único miembro conocido en el mundo de Black Hammer de la especie de los escasos dragones cronománticos, este extraño árbol sin hojas ofrece su flor en intervalos de tiempo irregulares.

Este árbol, al igual que todos los habitantes, artefactos y creaciones de esta ciudad, sufre extraños efectos relacionados con la irregular magia del tiempo. En concreto, la Cronotendra exhibe sus flores muy rara vez y, además, lo hace sin seguir un patrón estacional y durante muy breves períodos de tiempo.

Por ello, el cultivo y la vigilancia de estos árboles de aspecto seco y terroso requieren una continua atención para lograr recoger las flores antes de que se marhiten, lo que, en ocasiones, sucede en escasos segundos.

Sin embargo el precio merece la pena.

Las flores trituradas, hervida, convertidas en aceite o polvo, permiten a los alquimistas vitriales emular numerosos conjuros de magia temporal, auqnue la mayoría de las veces con extrañas alteraciones.

También permite mantener los efectos de conjuros que, de otra forma podrían parecer instantáneos.

Uno de los usos más recordados en Seesa de esta planta lo realizó Erlmar, de los Arconh, cuando se descubrió un complot Isir para asesinarle, mediante el empleo de asesinos multimorfos, Erlmar realizó sus hechizos. Usando Rivera de sensaciones, Ramantum y Largo Alcance invocó un arrebato de emociones en todos aquellos que querían hacerle daño en cinco millas a la redonda. Cada uno de los asesinos disfrazados, y algunos que le odiaban en secreto, comenzó a sufrir un éxtasis de placer que recorrió cada fibra de su cuerpo, seguidamente de un miedo irracional.

Erlmer gastó oda su provisión de Flor de Cronotendra, un increíble tesoro, en crear un efecto por el que el arrebato emocional durase cinco días y cinco noches. Ninguno de los afectados pudiron sobrevivir más de dos días al continuo cambio de emociones y sensaciones que se producía en sus cerebros.

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