Me encuentro escribiendo estas líneas mientras como, en un Star Bucks, y la verdad, fuera hace demasiado calor para mí, por lo que he decidido emplear el tiempo libre que me queda en actividades más productivas.

Junto al teclado reposa una vieja revista, una Star Ficcion del 92, con un coste de 495 pesetas. Es una de mis preferidas.

Quizás mi revista preferida de todos los tiempos, junto con aquél número 24 de Lider y el 52 de Natura.

Eran otros tiempos, y una revista podía llenar algo más que tu tiempo libre. Podría llenar vidas.

Esos tiempos ya pasaron, y completar mis horas de ocio ahora es una tarea mucho más exigente, por cuanto éstas son más escasas y seguramente la edad y el paso del tiempo hayan cambiado mi mente y mi forma de pensar.

Pero puedo recordar. Y en ello estoy.

Ojeo la revista, una revista de la que sólo releo un solitario artículo casi al final de la misma, y la piel se me pone de gallina.

Allí está otra vez aquella sensación de grandeza, aquel sabor mítico que pocas cosas pueden igualar.

No es un artículo propiamente dicho, o tal vez sí. Sea como fuere, muchos lo llamarían publicidad.

Lo firma el gran Francisco José Campos, y para quien no lo haya adivinado, se trata del artículo donde Ediciones Zinco anunciaba que iba a volver a ser publicado en España el legendario Dungeons & Dragons, en su versión de AD&D.

Conozco cada palabra, cada ilustración y casa sensación que produce en mí.

Recuerdo que me pasé meses entre que lo leí y que el juego salió finalmente yendo, casi cada día, a la otra punta de la ciudad, a preguntar si había salido ya.

Mi librero estaba absolutamente hasta los mismos de mí.

Al final lo encontré, creo en un Corte Inglés, y pude saborear la felicidad que sólo la juventud y el más increíble de los juegos pueden dar.

De vez en cuando, ojeo la revista, releo sus párrafos y disfruto con las promesas que hacía de introducirme en un mundo épico, el de Dragones y Mazmorras (permitidme llamarlo así).

Había otros juegos de rol, sí, pero ninguno tan grande como éste.

Por ese motivo me duele tanto la deriva que ha tomado el juego en manos de los avariciosos y codiciosos propietarios de la licencia.

Espero sinceramente que con la nueva edición logren recuperar su grandeza y su magia, aunque, entre nosotros, a mí siempre me quedará la versión Advanced para disfrutar.

Mientras la pena hace una pequeña mella en mi corazón trato de centrarme en las sensaciones positivas que me trae la revista.

La evocadora imagen de la guerrera venciendo al gigante de las colinas, la oscuridad terrorífica que rodea al paladín, el poder que despide el mago rojo entre las ruinas, y los párrafos, esas maravillosas frases que Francisco J. elaboró y que, vista en perspectiva, no podían haber sido mejor elegidas.

“Fascinante mundo de luchas a espada”, “acatar el credo verdadero”, “la mayor aventura épica jamás escrita…”, “el género de espada y brujería ejerce una atractón de la que es muy difícil sustraerse”.

Y de esa promesa surgieron mundos, llegaron a España Ravenloft, Reinos Olvidados, Dragonlance, Planescape, Dark Sun…y de la mano de otras editoriales Greyhawk, la 3ª Edición, Eberron, la Cuarta, y pronto la Quinta y derivados de las anteriores, Pathfinder y demás.

Pero para los que leímos aquel artículo, y lo que representaba, jamás habrá nada como el AD&D, pues al juego había que añadirle una herramienta portentosa que se le añadía para lograr el mejor resultado posible: nuestra imaginación.

Una imaginación pura y caótica, desbordante y no constreñida por tantas lecturas y juegos como lleva ahora encima.

Quizás todo trate de eso. Quizás mi pasión de escritor no sea sino un fugaz destello de lo que antes era totalmente natural, la creación de mundos, objetos mágicos imposibles y criaturas improbables.

Es la hora de guardar la revista, ya se van los orcos, gigantes y wyverns, pero los susurros de la magia siguen resonando en mis oídos.

Sospecho que nunca me libraré de ellos.

Susurros y gemidos que me llaman, cantos de sirena con forma de tableros, de dados, libros y lápices, y también de aventuras. Sospecho que a muchos volveré a veros alguna vez en los campos de batalla de Krynn, explorando templos abandonados en Toril, o tratando de ocultaros del fuego de un dragón.

Permitidme que me despida con las palabras de cierre del artículo.

¡Bienvenido al juego de rol! ¡Bienvenido a Advanced Dungeons & Dragons!

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