El vacío del espacio nos observa. Los planetas de la Humanidad, sus naves y sus orbitales no son sino pequeñas perlas aisladas en la negrura de la Noche Infinita, el nombre que los viajeros interestelares le dan a Universo.

Para quien ha estado ahí, el Cosmos deja muy clara la insignificancia del Ser Humano, quien, con todas sus obras y su grandeza autoproclamada, no es sino una mota de polvo en la Oscuridad.

Muchos son los terrores que acechan a los aventureros, y ni siquiera el quedarse en un planeta central aparentemente seguro es una garantía de librarse del mal que a veces surge de ignotos lugares que no deberían tener cabida en nuestro universo.

Hoy quiero contaros sobre uno de los terrores más singulares del Cosmos. Llamémoslo Frankenstein.

La primera noticia de la existencia de semejante monstruo vino con los informes de desaparición de varios navíos en los límites del feudo Corvosian.

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Toda fuerza enviada a descubrir la causa de las pérdidas desapareció a su vez, y los rumores se dispararon hablando de piratas estelares, del primer contacto alienígena e incluso del legendario Holandés Herrante.

La verdad es mucho más extraña.

En un pequeño planetoide, un grupo de científicos conocidos como el Conglomerado Frankenstein trataba de crear la primera nave consciente, utilizando modernas técnicas de inteligencia artificial y navegación cuántica.

Su teoría era que entrelanzando los mapas cuánticos con una IA avanzada, se podría generar una inteligencia temporal ligada al trayecto que permitiría convertir los viajes en algo mucho más seguro.

Desafortunadamente los recursos del conglomerado se agotaron más rápidamente de lo que esperaban, por lo que tuvieron que utilizar tecnología reutilizada comprada a carroñeros y algoritmos de segunda adquiridos en el Mercado Negro de Khali.

Tras muchos infructuosos intentos, el conglomerado pareció conseguir su objetivo, y dotar de vida e inteligencia una colosal nave. Sin embargo, los algoritmos oscuros se mostraron capaces de gestionar correctamente los flujos de viaje y los parámetros estelares, y la inteligencia se cortocircuitó.

Programas de salvamento trataron de recomponer la mete dañada de la nave, consiguiendo mantener un remedo temporal de inteligencia limitada que moría cada pocas horas para volver a renacer sin más recuerdos que los gravados en sus discos duros, no integrados en su personalidad.

Esta burda mente disminuida era del todo incapaz de conseguir un viaje interestelar, por lo que siguió so programación de autocompletado, y se embarcó en un lento y azaroso viaje para llegar a la plenitud absorbiendo aquello que encontrase en su camino, y tratando de aprender de todos quienes se acercasen a ella, sin importarle, pues no comprendía, si su asimilación les acarreaba la muerte. Como bien descubrió el Conglomerado.

Ahora, los Comandos Van Helsing han sido llamados a investigar las desapariciones, y su encuentro con la Nave Monstruo Frankenstein no va a terminar vien para uno de los dos.

Lo que haya en el interior de la nave lo dejo a la elección del Master, y el destino del desorientado ser queda en manos de los jugadores.

Ahora, la aventura de la Nave de Frankenstein es vuestra.

 

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