Las Zonas Perdidas, uno de los terrores más grandes que cualquier aventurero teme encontrarse en Infinity Dungeon. Y en un mundo donde a la vuelta de la escena puedes encontrarte una aurora oscura, una caverna de dragones estalactita, una tribu de devoradores de piel (nota 1), un lago subterráneo repleto de sahuagins, o un camposanto con criaturas no muertas de más de mil años de antigüedad, eso es mucho decir.

Dispersas aquí y allá, las Zonas Perdidas han devorado a tantos aventureros como muchos de los horrores más habituales, como las plagas de zombis (¿os imagináis una plaga de zombis en un mundo donde la oscuridad reina, y las sombras se proyectan a los lago de eternos y resonantes pasillos, y en el cual cada recodo, nicho o habitación puede ocultar una sorpresa?), las enfermedades necrosantes vagabundas, los terremotos y las inundaciones.

Estas zonas parecen tener la capacidad de volver loco y desorientar a cualquier, empezando por el hecho de que la gravedad, que más o menos parece funcionar en la misma dirección en el mundo de Infinity Dungeon, posee reglas mucho menos extractas en ellas. Así, cualquier que se adentre en una de esta zonas de locura, no notará nada hasta que vea un roedor andando por el techo, o un elfo oscuro enloquecido correr hacia él por una pared. Una vez en una Zona Perdida, las reglas cambian, y el mundo se puede volver del revés, permitiendo a los personajes caminar por las paredes o por lo que debería ser el techo.

Otros horrores habitan estas zonas, los espíritus de quienes fallecieron deambulando por esos pasadizos (si creéis que es fácil orientarse por un laberinto en el que el arriba es al lado, y el al lado el contrario, probad a andar haciendo el pino hacia atrás.) Estos espíritus usan sus recursos ilusorios para perder a los viajantes que se adentren en su nuevo hogar, e incluso se habla de que hay una procesión de seres de todas las razas que camina por los infinitos pasadizos en una silenciosa fila india, muriendo de hambre por toda la eternidad, y siguiendo a un espíritu ciego. Dicen que quien se encuentre con esta procesión se unirá a ellos a menos que su fortaleza mental y espiritual sea capaz de resistir el hechizo.

Estos son sólo algunos de los terrores que habitan en las Zonas Perdidas, me temo que no la luz se va apagando, y la oscuridad y el silencio reclaman los espíritus de quienes permanezcan despiertos, pues incluso en una ciudad aparentemente segura como la que habita este humilde cronista, los peligros acechan, y cuando nadie transita por los en otras horas bien iluminados pasillos, el arrastrar de pasos y el rasgar de uñas y garras en las puertas nos previene de lo lejos que estamos de estar seguros.

Quizás, otro día, si veo otros despertar y otro Encender de Antorchas (Nota 2), pueda contaros qué otros terrores acechan en ellas.

Nota 1: Los devoradores de piel son enormemente temidos por sus creencias de que si devoran completamente la piel de alguien que todavía sigue vivo obtienen su fuerza y sus habilidades, con todo lo que ello implica para el desdichado que caiga en sus manos.

Nota 2: En algunas ciudades subterráneas y en las megalópolis de pasillos y corredores, el despertar y el sueño se miden en lo que llaman un Día de Antorcha. La duración varía según la raza y la región, pero para marcar los horarios se van encendiendo antorchas que arrojan luz de diversas tonalidades para separar lo que sería la hora del despertar, la del trabajo, y la del recogimiento.

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