No quería dejar pasar el día de hoy, 4 de Marzo, sin comentarlo.

Casi se me pasa, no sé porqué tengo metido en la cabeza que la efemérides es el cuatro de Abril, es imperdonable.

Sea como sea, hoy es un día agridulce.

Triste, porque se nos fue uno de los mayores genios de la historia, capaz, junto con varios locos amigos, de crear una industria completa de la nada.

Se habla mucho de Jobs y Apple, pero Gygax logró crear, partiendo de los wargames, la industria del rol.

O lo que es lo mismo, convirtió algo rígido y encorsetado, reservado a gente mayor y aficionados a las batallas, en una afición que pegó, y mucho, entre los jóvenes.

Recuerdo leer, cuando era adolescente, cómo los universitarios volvían a las universidades los fines de semana, o por las noches, a disfrutar de increíbles partidas repletas de fantasía, magia y dragones.

También emocionarme con la serie Dragones y Mazmorras cuando era un niño, o con la lectura de la novela Fuego Mágico, o con los artículos de las revistas de rol.

Recuerdo como si fuese ayer el primer anunció que leí en el año 92 en el que nos contaban la llegada de D&D a nuestra lengua, de nuevo. Las fotos del artículos, casi cada palabra.

Y recuerdo mi primer manual, y los muchos ratos que eché en leerlo, jugarlo, analizarlo, e incluso olerlo y tocarlo.

Recuerdo mis primeras partidas, un Terrible Problema en Tragidore, malísima para muchos, sin duda, pero de puro mala legendaria, la esencia misma de una corriente del rol que ahora resurge con fuerza, y que no se deja arrastrar por cosas como la interpretación y el resto de tendencias más modernas (aunque ya ellas incluso se quedan viejas).

Era una experiencia mágica.

Y todo ello gracias al señor Gary Gygax.

Decía que no todo es triste en este día, y es precisamente por eso, porque nos recuerda que gracias a él esta afición nació, que n podemos sino celebrar su vida, su creatividad y todo lo que nos dio.

Así que no me queda más que agradecerle la creación de los juegos de rol, e irme a hacer lo que seguro que él está haciendo en este momento (los singularistas creemos en nuestro particular cielo).

Ir a tirar unos dados. Dejad que rueden.

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