Los Reinos del Dragón, durante miles de años han sido los únicos regentes de mundo de Etheria.

Sabedores de su superioridad, las demás razas les adoraban, o simplemente se apartaban de su camino. En los siglos anteriores al momento actual, los dragones construyeron sus reinos. Lugares de esplendor y magia. En sus fronteras, la belleza y el lujo aumentaron, a medida que los dragones perfeccionaban las artes de la magia, y sus sirvientes y esclavos extraían oro y gemas de las montañas, perlas y corales de las profundidades del mar, y creaban metales increíbles de luz de luna y del sol.

Las carreteras de mármol y obsidiana conectaban ducados, reinos y provincias, iluminadas por bellas creaciones mágicas. Los Faros de Umbría, los Árboles de Plata, las Luces Celestes, y los palacios se elevaban por doquier, a mayor gloria de los pueblos draconianos que los erigieron o de sus solitarios propietarios.

Templos que oraban a los dioses dragón, fortalezas submarina, como la colosal Dorsal Azul que recorría cientos de millas bajo el mar, transformada ahora en un palacio inmenso para el pueblo de los dragones marinos, y mil y una maravillas llevaron a los Reinos Dragón a un esplendor sin igual.

Las fortalezas voladoras surcaban los vientos, cosechando nubes y elementales del viento, el rayo y la lluvia, y portales mágicos se habrían a reinos donde los genios y los elfos intercambiaban delicadas artes con los gremios de artesanos dragoniles.

No quiere esto decir que los Reinos estuviesen exentos de intrigas y amenazas, pero todas estaban más o menos controladas, y al modo de ver de los Dragones Mayores y los Ancianos, y de órdenes militares o religiosas como Las Escamas, un poco de acción era entretenida y, en ocasiones, beneficiosas para mantener a los dragones en forma.

En los lujos salones repletos de maravillas, arte y riquezas, dragones en su forma natural o con su forma humanoide, trataban de lograr avanzar unos peldaños en su subida hacia el poder, o ganar algunos contratos comerciales con los que seguir acumulando influencia y riquezas. En las privados habitaciones, se pactaban conspiraciones y se llegaba a acuerdos.

Más de un reino se ha entregado a cambio de la mano de la hija más hermosa de un rey, y más de una guerra ha comenzado por una disputa iniciada en algún tonto juego de la corte.

Fuere como fuere, eran tiempos de esplendor y gloria.

Todo eso iba a terminar en breve con lo que eventualmente daría en llamarse, Las Guerras Saurias.

Poco a poco, noticias de extraños sucesos que acaecían en las remotas junglas y montañas del Sur llegaron a los Reinos del Dragón. Orgullosos y confiados, estos rumores apenas hicieron mella en la confianza de los grandes reptiles dominantes de Etheria. Sin embargo, algo en el fondo de su subconsciente, como si una especie de sombra les intranquilizase, inquietaba el sueño al Pueblo del Dragón.

Un sentimiento de…incomodidad, así lo describirían prosteriormente los cronistas. Una especie de sensación masiva de que algo no andaba del todo bien. Nadie sabía explicar porqué, pero ahí estaba, en todos los confines de los Reinos.

Incluso aquellos que no sabían nada de rumores y eventos extraños en lejanos parajes, eran invadidos por esa sensación que, lentamente, iba a más. Era como si su memoria racial les advirtiese de un gran peligro.

Los Reinos tenían razones para sentirse intranquilos, pues algo del pasado lejano de los Dragones había vuelto, y estaba decidido a reclamar Etheria para sí, y exterminar las maravillas de los Reinos del Dragón como venganza.

Los Saurios habían regresado.

En el pasado, tanto ha de ello que apenas nadie lo recuerda, y sólo algunos raídos papiros hacen referencia a ello, otra raza de saurios dominó el mundo de Etheria.

Por doquier, las especies de dinosaurios, comúnmente llamadas Saurias, prosperaban en enormes clanes guerreros, amenazando a toda especie viviente con sus depredaciones.

Eso cambió con un enorme cataclismo, que los Saurios achacan a la llegada de los Dragones. Las leyendas del Pueblo Saurio dicen que los dioses dragón engañaron y traicionaron al panteón saurio, y le arrebataron el mundo con mentiras y viles engaños y traiciones.

Ahora, tras decenias de milenios exiliados, los saurios han vuelto, y comienzan a avanzar hacia el Norte, poniendo en peligro primero pequeños asentamientos draconiles, pero amenazando ya poblaciones más grandes.

Pronto, las escaramuzas con este desconocido y casi alienígena enemigo se convertirán en batallas en toda regla, y se sucederán en todo campo de batalla, en campo abierto, en las junglas, desiertos, cielos, ciudades y océanos.

Pronto, la belleza de Etheria se verá amenazada por un conflicto global que no asolaba sus maravillas desde hace milenios, las Guerras Saurias.

Y tal vez, sean el ocaso de los dragones.

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