No me gustan las reglas, lo reconozco.

Sé que son parte intrínseca de cualquier juego, que favorecen los aspectos fundamentales del mismo y que su desarrollo es fundamental para unas partidas equilibradas y divertidas.

Pero no me gustan.

En mis partidas la intuición del Master siempre sustituirá a las reglas, y creo que si en un juego hay más de un puñado de circunstancias (diez, combate, búqueda, etc.) en las que tienes que tirar los dados, entonces la cosa se nos va de las manos.

Así que no esperéis ver grandes compendios de reglas en mis juegos, ni complicados combos (de armas mágicas, con hechizos y golpes especiales, eso es para los videojuegos) en las escasas partidas que  ahora dirijo. Eso lo dejo para quienes tengan mejor cabeza que yo.

En cambio, lo que sí podréis ver en mis partidas, y en los juegos que escribo, es fantasía desencadenada.

Entiendo los juegos como una oportunidad para adentrarte en terra incógnita, mundos increíbles, situaciones extrañas y ambientes fantásticos. Porque para mí eso es lo que son los juegos de rol.

Algo nuevo, SIEMPRE. Algo fantástico, que debe sorprender, que debe aportar en cada partida y en cada lectura, situaciones, monstruos, magia, mundos o personajes nunca vistos. Los juegos de rol, y los juegos en general deben divertir, y qué mejor forma de hacerlo que creando nuevas posibilidades de juego nunca vistas.

Sé que no es una filosofía muy compartida, que la mayoría de la gente que lee “Ichar“, las “Guerras Eternas/Imperio“, “Bliblioteca de los Sueños“, las expansiones de “Black Hammer“, los esbozos de “Etheria” o de “Covenant“, o los demás mundos que he imaginado (echadle un vistazo a tantos años de blog, veréis cosas que quizás os sorprendan), la mayoría de quienes leéis esto, os parecen simples desvaríos sin más.

Puede que tengáis razón, pero bajo mi filosofía de juego, y de vida, si puedes hacer algoq ue sea a la vez sencillo (sin grandes reglamentos) y a la vez complejo en lo fundamental, que es el mundo y las circunstancias que lo rodean, entonces habrás conseguido algo casi mágico.

Porque para mí no merece la pena jugar, ni leer, ni tampoco escribir, si no vas a vivir, CADA VEZ, la aventura más grande jamás contada. Aunque esta aventura sea tan simple como dar caza a un gobling errante, o resolver un asesinato.

Por eso en los juegos que he creado, y que estoy creando, no encontraréis ni un ápice de normalidad (y cuando en un juego mío la encontréis será porque lo he coescrito con mi hermano o con otra persona). Lo más normal para lo que he escrito es, para que os hagáis una idea, la ciudad de Seesa para Black Hammer, ideada por mi hermano y desarrollada por ambos. Si leéis las sobre ciudades que pueblan el resto del mundo de Black Hammer, Círculo de Fuego, Constructia, Nueva Estrella, veréis como las cosas se ponen mucho más extrañas.

En todos mis juegos podréis ver cosas increibles, batallas colosales de dinosaurios contra Dragones, naves del tamaño de soles que se enfrentan a naves del tamaño de sistemas solares, seres surgidos del mar, capaces de destruir una ciudad.

Y entre todos ellos, personajes que sienten a su alrededor el increíble sentido de la maravilla que debe rodear cada partida y cada lectura

Seremos cuadro los que pensemos así, para ellos escribo. el Resto, ya veréis la luz, creedme, no tenéis que conformaros con cosas normales y grises.

 

Nota: obviamente este post quizás sea sólo un autojustificación de mi forma de escribir, un autoconvencimiento para no abandonar el camino recto, la religión verdadera. La admiración por la Maravilla.

 

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