Sigo con mis locas teorías roleras.

Siempre he pensado que la complejidad en el rol no debe venir por las reglas, sino por la ambientación y la trama de las partidas.

Por ello, hago mío este palabro, simplejidad, pues creo que define muy bien lo que pienso de cómo deben ser las reglas de un buen juego de rol.

Las reglas, en mi opinión, las prefiero simples. Sencillas donde las haya.

Pero eso no significa que deban ser irreales, todo lo contrario. Deben reflejar la complejidad de todas las situaciones posibles y al mismo tiempo, facilitar de forma sencilla su resolución.

Gestionar, entender y dominar la complejidad hasta el punto que puedas reducir, sintetizar y optimizar cada regla, formando un sistema robusto, fácil de usar y además realista y lógico.

Sí, os suena, lo sé. Es la filosofía que Apple, y muchas empresas, han puesto de moda.

Dominar tanto lo complejo que consigues crear algo simple sin perder la esencia, que en este caso no es otra que reflejar las acciones, las leyes de la física, la psicología, el movimiento y la magia, de una forma que fuese natural si tal mundo existiese.

Y así debe ser un reglamento, en mi opinión.

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