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“Sigil, la ciudad de las mil puertas. Algunos dirían que La Ciudad.

Sea como sea, no encontrarás mayor gloria que en los caminos que parten de ella, ni mayores riquezas que al otro lado de sus portales. Cualquier pringao que crea que lo ha visto todo se llevará una desagradable sorpresa si alguna vez llega a visitar la ciudad del eterno retorno.”

Dioses Muertos, Segunda Parte

Nuestros héroes se quedaron a las puertas de una aventura en un mundo extraño.

Atravesaron, siguiendo la pista de una conexión entre la aparición de los cuerpos gigantescos de los dioses muertos en su mundo, un pórtico que les llevaba a terreno desconocido. Tras diversas desventuras que les llevaron a mundos extraños y a conocer a héroes de estos mundos, parece que por fin llegan a lo que debería ser su destino.

Ante ellos, las transitadas calles les recordarían cualquier ciudad de sus respectivos reinos, si no fuese por las casi alienígenas estructuras que a ambos lados de la calle se elevan en formas imposibles.

Cuando uno de ellos, el más avispado u observador, señala hacia arriba, todos comprende que han abandonado su mundo. Allí, arriba, (o abajo) tan lejos que casi es indistinguible del cielo nocturno, se estira la forma de la ciudad sobre sus cabezas.

Su nuevo paradero no es otro que Sigil, la Ciudad de las Puertas.

No creo que dicha ciudad necesite presentación, como nexo de la mejor campaña que jamás se ha escrito para Dungeons & Dragons, Planescape, pero en internet encontrarás un sin fin de información al respecto si lo necesitas.

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En su forma de anillo, y bajo la inenarrable onmipresencia de la Dama del Dolor, se desarrolla la verdadera épica de los mundos de D&D.

Los jugadores se sentirán un poco desorientados en este nuevo entorno y quizás tarden un poco en acostumbrarse. Asegúrate  de que no olvidan su misión, el objetivo que les ha llevado allí.

Podrían encontrarse en un auténtico laberinto desconocido, si no fuese porque su paso a través de los portales ha tenido un efecto extraño en ellos. Ahora son capaces de ver las líneas de energía negra que, invisibles para todos los demás, parecen provenir del cadáver del dios muerto que apareció en su mundo.

De los diferentes portales que comunican con sus mundos de origen, surgen esos zarcillos de desconocida necromagia, recorriendo los cielos de Sigil.

Si el grupo de personajes se ha mezclado con otros durante el paso por los portales, (ver la parte primera de la aventura), obviamente nos estaremos refiriendo a varios zarcillos de energía que, para los más avezados (estaría bien una tirada aquí) parecen confluir en un solo punto.

Llegados a este punto los personajes podrán tener varios encuentros con los residentes o visitantes más antiguos de la ciudad. Demonios, enviados divinos, miembros de las facciones, seres de otros mundos y demás seres pululan por los barrios de la ciudad, y la verdad, sus ganas de tocar las narices a los pringaos son legendarias.

Si consiguen llegar al punto al que parecen conducir los filamentos de energía oscura, verán que se trata de un gran palacio señorial en uno de los barrios más apartados de la ciudad. Tras unas enormes verjas de metal, se alza la forma retorcida de los torreones edificados con una piedra de un extraño color púrpura oscuro.

Si preguntan, sobornan o interrogan a los viandantes, sólo conseguirán descubrir que se trata de la sede de una nueva facción llegada a Sigil hace poco tiempo, sólo unas pocas décadas. Nadie parece tener más información al respecto, ni sobre ellos, ni sobre sus objetivos. Tan en secreto han llevado su presencia que desconocen incluso el nombre que se dan a si mismos.

El objetivo está claro, entrar en el palacio, descubrir qué está pasando y tratar de detenerlo (porque no nos engañemos, para eso están aquí, sea lo que sea que esté ocurriendo, los jugadores van a tratar de detenerlo, ellos son así).

Dejaré aquí que cada master diseñe su propio palacio y los encuentros que los personajes encontrarán en él, y me limitaré a describir lo que ocurre en su interior.

Lo que sucede realmente es que existe una nueva facción en la ciudad, los Deifilios.

Su objetivo es amar a los dioses, a todos los dioses. Y según su filosofía, no hay mayor prueba de amor que devolver a la vida a quien murió.

Y eso es precisamente lo que están llevando a cabo.

Tras muchos siglos de vagar por todos los planos, de localizar recursos que pudiesen ayudarles en sus objetivos, de pelotear a todos los dioses del multiverso, y de localizar los cuerpos sin vida que erraban en el Plano Astral, los Deifilios encontraron un artefacto de poder increíble que hizo posible que los milenios de trabajo que les esperaban por delante pudiesen verse reducidos a pocos años.

En lugar de crear cultos a los dioses muertos, mediante el engaño, la persuasión y la compra de fieles con las riqueza atesoradas, para que poco a poco los dioses fuesen despertando, uno a uno o de pocos en pocos, el artefacto que encontraron por casualidad podía restaurar la vitalidad de todos sus adorados dioses muertos a la vez. Lo llamaron El Corazón de Dios.

La única pega era que para ello necesitaban reunir todo el poder y la fuerza de voluntad necesarios para dar vitalidad a un dios. Su plan era absorber éstos de los mundos primarios de los personajes, así que para este segundo nacimiento trazaron un plan.

Se establecieron en Sigil, y localizaron durante años los portales que llevaban a mundos cuya desaparición no afectase en demasía a otros dioses (y si por casualidad, al destruir un mundo destruían a otro dios, siempre podían revivirlo con el Corazón de Dios).

Al localizar su centro de operaciones en Sigil consiguieron, por un lado, tener acceso a un sin fin de mundos, y por otro, estar lo suficientemente a salvo de miradas e intervenciones divinas como para que su buena imagen entre los dioses y sus servidores hiciesen que su cruzada permaneciese oculta.

Tras décadas de trabajo, reunieron los recursos mágicos para llevar a cada dios muerto del astral, conectado con el Corazón de Dios, a los mundos que les alimentarían en el Segundo Nacimiento. En pocos meses cada uno de ellos habría recuperado la vitalidad necesaria para volver a sus reinos, y destruido el mundo que les albergaba, por supuesto.

La escena final de esta parte de la campaña transcurrirá en en el núcleo del palacio de los Deifilios, los salones del tesoro donde el pulsante corazón negro bombea su magia hacia los dioses muertos a través de los cordones umbilicales que son los zarcillos que los personajes han seguido gasta aquí.

Recomendamos que no sean sólo los personajes quienes intervengan en esta escena final. La presencia de una recién informada (por las acciones de los personajes que han destapado la conspiración) y muy enfadada Dama del Dolor en el palacio, creando el caos entre los Deifilios, ayudará mucho a crear el ambiente de confusión que los personajes necesitan para adentrarse en la cámara del Corazón y desbaratar los planes de la facción.

En la escena final, tras un duro enfrentamiento en el que los personajes morirán alimentando el Corazón, o matarán haciéndolo igualmente, tendremos un clímax en el que el villano de turno, el líder de los Deifilios, confesará su plan antes de arrojarse contra el enorme artefacto para ser devorado por él.

Cualquier intento posterior de destruir el corazón fracasará. Incluso la Dama del Dolor llegará con sus acólitos y se verá incapaz de destruirlo o desactivarlo. Tras unos instantes de reflexión, la Dama del Dolor, sacará un extraño objeto de entre sus ropajes. De una forma inexplicable, el aspecto, la textura y hasta la composición del instrumento parece cambiar cada vez que se aparta la mirada de él.

Se trata de la legendaria Llave de Sigil, la llave que abre todas las puertas.

Sin pronunciar un solo sonido, la Dama abrirá un portal en el centro del salón, y sin decir nada también, señalará hacia el portal mirando a los personajes con unos ojos que no parecen dejar lugar a dudas de la obediencia que reclaman.

Si los personajes parecen dudar, por boca de uno de sus servidores, la Dama les explicará que deben atravesar el portal para detener la destrucción de Sigil y de sus mundos natales. Aunque personalmente no me parece muy sabio cabrear a quien tiene el poder de mantener alejados a los mismos dioses, puede que alguno de los personajes pida una recompensa (todos nos conocemos ya), ofréceles lo que creas adecuado, desde un salvoconducto para cualquier puerta de Sigil, hasta riquezas materiales o incluso un palacete en la ciudad La Dama podrá también, para convencerles, enseñar imágenes del mundo, o los mundos, de los personajes, que están siendo azotados por terribles desastres naturales de todo tipo.

Si aceptan, los personajes se adentrarán en el portal creado por la Dama, con rumbo fijado pero destino desconocido, teniendo la certeza de que no todos volverán a ver su mundo natal. Pues, tras la puerta, les espera el verdadero señor del Corazón de la Muerte, tal ése es su verdadero nombre, y el terrible secreto que se oculta tras la ya desaparecida secta de los Deifilios y los acontecimientos que están arrasando docenas de mundos.

Spoiler de la próxima entrega de Los Dioses Muertos

Una visita al plano de la energía negativa, los engaños de un demonio y cómo un héroe morirá y se alzará al servicio de la dama.

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