Pues sí, se anda debatiendo en las redes sociales (sobre todo Google +, si no la tienes, te estás perdiendo parte importante del pulso vital de la comunidad rolera de internet) las vueltas que da el mundo.

Resulta que ahora, todo eso que antes era considerado de frikis, es tendencia social.

Desde las pelis del Señor de los Anillos, Star Trek, la Guerra de las Galaxias, superhéroes, hasta las series de Juego de Tronos, Fringe o The Big Bang Theory, se ha creado un increíble ecosistema de entretenimiento masivo.

Masivo por lo grande y lo difundido del mismo.

Recuerdo un artículo que escribí, ¿o era un mail que mandé a alguna lista?, donde decía que no podría estar a gusto hasta no ver nuestras aficiones elevadas al grado de entretenimiento de masas.

Vale que todavía queda. Vale que muchos de nosotros queramos que nuestra afición siga siendo exclusiva y minoritaria (a fin de cuentas ¿qué importa si otros la disfrutan mientras pueda hacerlo yo?

Es cierto, por el contrario, que gracias al dinero que mueve estamos disfrutando de un boom creativo sin parangón, aunque no exclusivamente gracias al vil metal.

En esta explosión creativa ha tenido mucho que ver el cambio de tendencia social llamado prosumismo. Se han juntado las ganas de hacer cosas con la aparición de medios para hacerlas (informáticos, de red, crowdfunding, etc.).

¿Y todo esto a qué viene?

Pues realmente a nada.

Sólo a que cuando pienso en la cantidad de mundos, personajes y creaciones que hemos desarrollado los frikis no puedo sino vanagloriarme de esta afición a la que pertenezco, y que ha creado un mundo mucho más rico de lo que nadie soñaba.

Y quizás esa sea la verdadera medida de nuestro éxito. No si mucha gente se pone burra viendo teta en Poniente, o si lo flipan con un mapache parlanchín.

Quizás lo que de verdad dé una medida del valor de los frikis para el mundo sea que hasta ahora sólo hemos enseñado la puntita (del iceberg, mal pensados).

Hemos llegado aquí y hemos dicho, si el mundo me llama loco, voy a cambiar el mundo a mi imagen y semejanza.

Algunos como Martin lo han conseguido. Otros apenas han vendido cien ejemplares de su juego/libro/comic. Y eso que muchos podrían tutear a las grandes sagas.

¿Importa?

Sólo por cuanto el éxito de público garantiza una segunda parte, pero no realmente para lo que nosotros valoramos.

Buenas y originales historias. Diversión con los amigos sobre una mesa (con dados, figuritas o cartas). Acción, mundos increíbles e historias que quiten el aliento.

Y de eso hay a patadas ahí fuera.

Diez, cien, mil veces lo que hemos visto hasta ahora.

Emponderado y alimentado por nosotros, los cabrones más locos que pudo imaginar nadie (ni siquiera Jobs).

Capaces de soñar mundos que corten el aliento, criaturas cuya visión encanece e historias que ponen la piel de gallina de emoción.

Así que sí. Supongo que realmente es lo que el mismo Jobs dijo.

Los locos cambiaron el mundo, y lo están remodelando, a su imagen y semejanza.

Ya tengo ganas de ver dónde lo lleváis, bastardos creativos.

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