El Palacio Volvánico de Brass, El Resplandor Inapagable, La Morada de la Ira Ardiente…

Por todos estos nombres y alguno más se conoce a este vagón del tren Romperrocas.

Habitado por un poderoso efreet exiliado, este vagón de duro acero negro ha sido fuertemente (y mágicamente) reforzado para contener un hábitat adecuado para su señor.

En su interior, que simula un entorno volcánico con lava que fluye de un lado a otro, rocas magmáticas y explosiones de fuego, Brass recibe las visitas de quienes desean algo de él.

Su especialidad es conseguir casi cualquier cosa del tren, utilizando su poder y su magia para cumplir los deseos de quienes se ganan su favor de una u otra forma.

Los personajes pueden acudir a Brass y comprar sus favores a cambio de tesoros, magia o algún encargo particular.

La realidad tras Brass

La verdadera realidad es que Brass no existe. Es sólo una ilusión mágica que apenas se deja ver, y que actúa a través de los verdaderos amos del vagón, los mephits de fuego que “actúan” como sus sirvientes ante el resto de pasajeros.

Son ellos realmente quienes se buscan las mañas para cumplir los deseos, actuando por todo el Romperrocas.

Sólo una persona conoce su secreto, Absentine, la elfa oscura, quienes les ayuda y al tiempo saca provecho de los tonto que pican en el truco de los mephits.

Al cabo, El Palacio Volcánico de Brass no es sino otro vagón más de un tren lleno de refugiados y gente que se oculta del terrible mundo de Infinity Dungeon.

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