Inmagheris, poca gente en la galaxia conoce este nombre.

Y sin embargo, se trata de una de las razas más antiguas que actualmente moran en ella, y siguen inmiscuyéndose en mayor o menor medida en los asuntos galácticos. Nómadas desde que hay registros de su existencia, no se quedan en ningún lugar ni se atan a ningún grupo si no conviene a sus intereses.

Enormes brutos humanoides muy musculados, sorprenden a quien desconozca sus atributos con su fina inteligencia, que a veces raya la clarividencia, y por sus dotes guerreras. Suelen ser solitarios, y de carácter cambiante. Tan pronto están repletos de energía y cantando canciones y poemas de guerra, como se vuelven taciturnos y apagados. Hay quienes dicen que son compañeros de fiar, otros aseguran que son sibilinos y taimados, inclusos con sus compañeros de batalla.

Poseen una piel gris, y ojos negros, que junto con su aspecto brutal, ofrecen una imagen intimidante a los pocos habitantes de la galaxia que se han cruzado con uno. De hecho, sus apariciones son tan poco frecuentes que mucha gente se pregunta cómo es posible que sigan existiendo si son tan poco frecuentes que conseguir que tres de ellos de diferentes sexos, pues en su procreación intervienen tres sexos, parece algo imposible.

Esto ha hecho que surjan rumores de un planeta secreto donde los Inmagheris pueden acudir y al que llaman hogar. Seía este uno de los muchos secretos de la Galaxia, pero desde luego, explicaría muchas cosas de esta enigmática y contradictoria raza.

Secretos de los Inmagheris

Como no podía ser de otra forma en una raza tan antigua, los Inmagheris poseen numerosos secretos. Estos ni siquiera son revelados a aquellos compañeros de mayor confianza, demostrando que los Inmagheris son una raza quizás más complotadora o paranoica de lo que aparentan a primera vista.

Uno de esos secretos afecta a la misma esencia de la raza. Los Inmagheris no son en realidad esos gigantes que todo el mundo cree. Hubo hace mucho tiempo una raza unicelular que habitaba en torno a un sistema binario compuesto de un agujero negro y de estrella enana marrón. Los impulsos de infrarrojos de la enana marrón y la radiación de Hawking del agujero negro debieron alcanzar una inmensa nube de moléculas prebióticas, originando en ellas las mutaciones necesarias para crear vida. Vida que a lo largo de millones de años siguió evolucionando, alimentada por estas energías y algunas más extrañas aún, para al final adquirir una especie de consciencia global primero, y luego una plétora de semiconsciencias individuales.

Con el paso de los eones, su sistema se vio en peligro. El agujero negro comenzó a atraer la enana roja hacia su horizonte de sucesos, y las enormes fuerzas gravitatorias estiraron la materia y la comenzaron a absorber hacia su interior, aumentando mucho la cantidad de radiación emitida por el sistema. Esto comenzó a poner en peligro todo el ecosistema en el que vivía la nube Inmagheris.

A la desesperada, hicieron acopio de energía y se lanzaron al vacío espacial. Con penurias inimaginables, capas y más capas de la nube Inmagheri fueron muriendo, tratando de proteger las consciencias que formaban su raza.

Cientos de ciclos después, y tras varios sistemas deshabitados dejados atrás, llegaron a un mundo devastado por la guerra. En ella, una raza alta y estilizada acababa de someter a otra con la que compartía el planeta que habitaban. Tomados como esclavos, esta segunda raza, mucho menos inteligente que sus sometedores, languidecía abocada a una eventual extinción.

Desesperados, los Inmagheris trataron de contactar con ambas razas, pero se dieron cuenta de que la comunicación con ellos era imposible, sin recurrir a medidas radicales. Esas medidas no eran otras que entrar en simbiosis con los cerebros de los habitantes del planeta y fusionarse con ellos. Sólo la raza sometida se prestó a ello, no se sabe si por una mayor compatibilidad, por desesperación, o porque la derrota había modificado la epigenética de los cerebros de la raza vencida.

Con la ayuda de los Inmagheris, la raza de esclavos aumentó su inteligencia y sus capacidades. Durante décadas, construyeron un plan y una base de poder para una rebelión, hasta que estuvieron preparados para hacerlo, y en una sola noche, decapitaron las estructuras de poder que es sometían.

Pocos ciclos retomaron el poder en su planeta, y los Inmagheris pudieron empezar a trabajar en su propia subsistencia.

La gran nube Inmagheri descendió sobre el planeta, uniendo sus todavía formidables capacidades con el ecosistema del mundo. Allí, su tecnología biológica, que no era sino una extensión de sus propios cuerpos, localizó la fuente de su salvación. En las profundidades marinas de ese mundo, cerca de las fumarolas tectónicas, localizaron unos cristales víricos que convertían el calor en una radiación similar a la que ellos necesitaban para susistir.

Para ellos fue sencillo infectar los cuerpos y los cerebros de sus nuevos aliados con los cristales víricos y, de esta forma, aprovechar el calor biológico de los mismos para alimentarse en el interior de sus huéspedes.

Con esta nueva fuente de vitalidad, ambas razas exterminaron los pocos reductos de resistencia y crearon una nueva cultura simbiótica. Los Inmagheris no necesitaban realmente a sus huéspedes para vivir, pues los cristales podían aprovechar el calor termal, el de la estrella del sistema o el de cualquier ser vivo. Sin embargo, sus semiconsciencias estaban tan agradecidas a sus salvadores como éstos a los Inmagheris por si vida y su libertad.

Además, los Inmagheris tenían un plan. No estaban dispuestos a volver a atar su supervivencia a un único planeta, así que convencieron a sus nuevos amigos de expandirse por la galaxia. Juntos, podrían llegar a otros planetas y garantizar así la supervivencia de sus respectivas razas.

Varios grupos de ellos salieron del planeta y se dispersaron, buscando conocimiento, planetas, o lo que sea que anden buscando para cumplir sus propósitos. Así fue como la galaxia conoció a los Inmagheris.

Hasta ahora se ha confundido a los huéspedes fortachones con los microscópicos Inmagheris, y en cierta forma, tras milenios de simbiosis, quizás ya no sean dos razas separadas.

La fisiología Inmagheri.

El carácter dual de los Inmagheris se debe a un efecto peculiar de la simbiosis triple. Los cristales víricos consumen el calor del cuerpo, y expulsan radiación que sirve de alimento a los Inmagheris.

Pero esto tiene un efecto, y es que agota el cuerpo y las capacidades mentales de la simbiosis. En pocos días el cuerpo vuelve a recuperarse y la simbiosis puede desplegar de nuevo sus formidables habilidades. La otra cara de la moneda de la simbiosis es que este mecanismo de “recarga/depresión” termina por agotar rápidamente sus cuerpos, por lo que los cuerpos de los Inmagheris poseen una vida muy corta, a lo sumo, una veintena de años desde que se produce la simbiosis. Cuando uno de ellos nota que deja de recuperarse tras cada bajón, abandona sus tareas y regresa a su planeta de origen, donde es recibido como un héroe. Allí, se ha formado una especie de utopía donde una casta sacerdotal, conformada por organismos simbióticos, rige los destinos de los miembros de las dos razas que todavía no se han fusionado. En el planeta, las semiconsciencias Inmagheris y la raza huesped viven en una utopía paradisíaca.

Respecto a la reproducción, de momento, está limitada a producirse en el planeta de origen de los Inmagheris. Los miembros de la simbiosis viajando por la galaxia son tan pocos que es muy complicado que pueda producirse fuera de dicho sistema. Además, quizás de momento este conjunto de razas quiera guardarse algunos secretos.

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