Vale, sé que muchos estáis en las mismas que yo, recordando aquella vez que abristeis, por por vez primera, esa caja de los sueños que resultó ser uno de los juegos mas importantes de varias generaciones.

Recuerdo perfectamente ese momento, la emoción que me embargaba, la ilusión de desempaquetar los accesorios, hasta la música que sonaba en televisión, el inicio de la serie de dibujos Alfred J. Cuack.

Imagino, pues eso no lo recuerdo, el olor de esos mazos de cartas, y rememoro el tacto de los datos y de las figuritas, el pasar de las páginas por el manual (¿o éste último era del Advanced Heroquest?).

También recuerdo las expansiones, increíbles, por las que casi corríamos hasta la tienda para pillarlas. Magos, y Ogros, la Torre de Kellar y el Kit de Diseño de Mazmorras.

Recuerdo también el Advance Heroquest, y el Cruzada Estelar que le siguieron. Y sus expansiones, Eldar Atack y la de los Dreagnought.

Y luego nuestras propias aventuras, y nuestras ampliaciones caseras, incluyendo exteriores. Estábamos inventando nuestro propio camino hacia los juegos de rol.

Eran tiempos buenos. Tiempos de magia y aventura, de tesoros y de partidas.

Tiempos que, con suerte, volverán.

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