Soy buenista.

No lo digo yo, me lo han llamado tantas veces que he terminado interiorizándolo (también Friki, o naif). Sé que es una postura reduccionista, pero no me importa un cacarajo.

Así que lo repito, soy buenista. Y siento mucha que mi existencia te moleste.

Esto no es la continuación de un flame ni el inicio de una guerra (buenistas/malistas). Es imposible que tal conflicto exista pues para que haya uno debe existir un rival y por definición eso es imposible.

Y menos mal, porque los malistas no tendrían ninguna oportunidad. Voy a simplificar, que es exactamente lo que hacen aquellos que acusan a los demás de buenistas, o que critican el buenismo.

No sé quién eres, no me he molestado ni en ver quien firma el artículo, de verdad que no me importa tu persona, sólo lo que dices, aunque seguro que te conozco. Te lo puedes tomar como algo personal o sólo como una teriapia contra el aburrimiento veraniego, pero yo sentía que aunque no le importe a nadie, tenía que decir algo.

Así que he decidido pasarme a tu bando, o al bando contrario a aquello que criticas, y contestarte como te gusta que te contesten y escribr este post en el rato que el tren me lleva al trabajo.

Lo primero, un consejo. Si alguna vez un amigo viene a decirte que tiene una enfermedad jodida de verdad, trágate tus principios e intenta animarle.

Y lo mismo se le muere alguien, (no le digas, era un hijoputa que estará ardiendo en el infierno, o menos mal que nos hemos librado de ese inútil). Guárdatelo aunque lo pienses y trata de alabar lo bueno que hizo, que alho habrá, de ofrecer consuelo, y si necesitas expresar lo malo de su vida hazlo de forma delicada, buenista si lo quieres expresar así.

Te recomiendo, si no lo has leído, La Voz de los Muertos.

Porque ser buenista es eso, precisamente. Ver el lado bueno de las cosas y tratar de luchar contra las malas. Aunque todo el mundo crea que estás loco o eres un idiota.

Me pregunto si quienes apoyaban a Tesla en sus últimos años, o a van Gogh en su pobreza, no eran buenistas. O si a ellos no les hubiese gustado que hubiese más buenistas a su alrededor durante su vida.

Pero supongo que estoy desviándome y que esto trata sobre todo de proyectos editoriales y lúdicos, así que me centraré.

Recuerdo los tiempos en los que el rol moribundía, y sólo unas pocas webs, dos o tres editoriales, y las listas de correos mantenían viva la presencia pública del rol.

Eran tiempos duros, en los que sacar un juego o un fanzine significaba encuadernar cincuenta ejemplares en canutillo y repartirlos por las bibliotecas y librerías personalmente. Y currarte una web o liar a un primo o un amigo para que se la currasen.

Entonces casi nadie creía en la autoedición.

Recuerdo también, más recientemente, la época en la que surgieron crowdfundins y mecenazgos cuando el 99% de la gente no conocían ni estas palabras.

Los largos debates/discusiones sobre si Ok Games o Nosolorol se aprovechaban de los aficionados, cuando nadie, ni ellos mismos, entendían que estaban formando parte de un cambio en las reglas del juego.

Lo de Ok Games salió mal, mientras que Nosolorol triunfó.

Y los buenistas fuimos jodidamente malvados y apoyamos ambas iniciativas y nos guardamos nuestras dudas ante un fenómeno nuevo que no entendíamos, y apoyamos las iniciativas que surgían. Todavía me pregunto qué hubiese pasado si los flames en la red no hubiesen manchado el nombre de Cthulhutech y el crowdfunding hubiese alcanzado una masa crítica suficiente. Quizás no hubiese ocurrido nada diferente, pues su impulsor cometió el error que cometemos muchos y trabajó solo en lugar de en equipo (yo pienso seguir haciéndolo, ya tengo bastante equipo en mi día a día como para lidiar con ello en algo que no me da el pan y es un divertimento para mí).

Hubiese pasado lo que hubiese pasado, lo que ahora comprendemos y antes no, es que quien acude a un crowdfunding no compra sólo un producto, sino que acude a un proyecto con todos los riesgos que ello con lleva.

Ahora lo vemos como algo normal, hay proyectos que crean maravillas y otros que se hunden, y hay al menos tantas estafas como en una pescadería o en una frutería que te coloca género de segunda.

El caso es que entonces, entre tanto malista, hubo gente buenista que defendió el mecenazgo, y hoy, años después no sólo es una tendencia mundial, sino que los mismos que ponían a parir a los que lanzaban estos proyectos se aventuran a crear sus propios proyectos.

Lo mismo pasaba con la autoedición. Encontré en mi vida mucha más gente, muchísima, diciéndome la pérdida de tiempo que es escribir algo para editarlo tú mismo, o escribir “esas cosas raras” y “no cosas buenas”.

Recuerdo gente que criticaba las impresoras 3D y hoy están apasionados con ello, o incluso los ordenadores o los smartphones, y hoy no se despegan del suyo.

Así que como buenista supongo que estas experiencias me han influido enormemente, y creo que los buenistas deben existir para paliar el efecto de los malistas.

Alguien debe ser el contrapeso antes las fuerzas del inmovilismo y la reacción, o antes quienes creen que su opinión es mejor que la del creador porque es la suya (cuánta gente le diría a van Gogh que su arte era una mierda).

Porque ser buenista no es verlo todo bien, sino tratar de ayudar a que las cosas que pueden ser buenas sigan adelante. No es guardarse las críticas, sino expresarlas de forma positivas, como consejos constructivos, y no mosquearse si el autor o autores se las pasan por el forro del lomo.

Porque, siendo malista, no me gusta el 50% de los proyectos que hoy en día se sacan, y personalmente no me aportan nada direcamente, pero mi lado buenista me hace entender que el mundo del rol es mucho más rico con ellos que sin ellos, que indirectamente todos ganamos con la variedad, y que hay gente con otra opinión que seguro que los disfrutan (igual que hay gente que disfruta con tu post). Eso es ser buenista.

Animar a la gente a hacer cosas, ayudarles a creer en ellos mismo contra viento, marea y malistas, dar soporte y buenos consejos, y no dejar que nadie que se esté ahogando se asfixie mientras todos alrededor le señalan y dicen, se lo merece.

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