En el mundo de Etheria existen multitud de facciones, reinos, ducados, sectas, marcas, monasterios, cultos, poblados, gremios y agrupaciones independientes. Todas ellas conforman el Imperio de los Dragones, el más esplendoroso, poderosos y longevo reino que haya visto el mundo de Etheria.

Castillos, ciudadelas, palacios submarinos, fortalezas volantes, cavernas palaciegas, o simples cabañas vivientes en el bosque, los dragones pueblan este mundo, llenándolo de magia, hermosura y cosas increíbles para las demás razas.

De entre todos los palacios el más hermosos e imponente es, como no podía ser de otra forma, el del Emperador y la emperatriz. Confirmado no sólo por los propios dragones, sino por las demás razas que han podido contemplar su majestuosidad, elfos, enanos, humanos y cualquier otra que sea bienvenida en la capital del reino.

Sus torres doradas y de plata, coronadas por gemas extraídas de los profundos volcanes del Abismo, cada una grande como un hombre, sus pasillos de espejos líquidos, que muestran imágenes de cada rincón del reino de los dragones a los que están conectados, los tapices vivientes tejidos por un ejército de artesanos élficos, que narran escenas del glorioso pasado draconil, las fuentes de Agua Eterna, que conceden la inmortalidad a quienes las beben, los Jardines Esplendorosos, grandes como un bosque y con millares de plantas y flores qué sólo existen aquí.

Sin embargo, no muy lejos en majestuosidad, y quizás incluso más seguro, sea el Palacio de Las Garras de Ishar, situado al sur de la capital.

“Las Garras” como son conocidos los integrantes de esta orden de monjes guerreros que adoran a Ishar, la Diosa de la Guerra, dedican sus milenarias vidas a perfeccionar el arte del combate y la guerra. Son seguramente los mejores soldados del Imperio, excepto quizás algunas guardias de Élite de los Dragones Mayores.

Durante milenios, Las Garras han luchado en guerras contra otras razas, o en las guerras intestinas que a veces sacuden los reinos dragón. Han combatido en torneos, explorado los confines de Etheria e incluso se han adentrado en los Mundos Inferiores (recordad que Etheria es, para los Dragones, el Mundo Superior, por su belleza y su historia, todo lo demás son Mundos Inferiores, incluso los palacios de los dioses de las demás razas, los planos superiores, y todos los mundos habitados en cada realidad).

Las Garras son, además, los guardianes de Etheria frente a las amenazas extraplanares. No sólo protegen los portales conocidos que dan acceso a estos mundos, sino que cuando un Demonio, un Ángel, un Devorador Primigenio o un ser del Astral terminan llegando a Etheria, son ellos los encargados de localizarle y darle caza.

Por todo ello, las Garras de Ishar han acumulado un enorme prestigio y una colosal riqueza. De las dos cosas, la gran mayoría de ellos dicen valorar sólo lo primero.

Las Garras han utilizado su enorme influencia y riqueza para construir un colosal Castillo/Fortaleza/Palacio que sólo es ligeramente más pequeño que el palacio del Emperador, aunque se dice que, usando su magia, han logrado excavar las cavernas del subsuelo para construir algo mucho mayor a cualquier estructura que los Reinos de los Dragones hayan contemplado en toda su historia.

En la Morada de Ishar, como se conoce también a esta fortaleza, reinan la austeridad y la simplicidad. Como la propia filosofía de las Garras promulga, la guerra, la vida y el hogar de un dragón deben ser simples, serenos y hermosos.

Eso no significa que Las Garras no hayan empleado ingentes cantidades de oro, plata, gemas y argentarium en su edificación.

Enormes pasillos de mármol blanco en los que la única decoración son las estatuas de los héroes de Las Garras que parecen surgir de las paredes. Salones de piedra gris y negra pulida, y enormes columnas de obsidiana que se elevan hasta perderse de vista. Dormitorios simples pero con una estética minimalista en los que se mezclan escritorios de madera, mesas de lapislázuli, librerías repletas de libros sobre el arte marcial y sobre todo, en cada uno de ellos, el atril donde reposan “La Palabra y la Garra”, su texto sagrado y una representación escultórica de Ishar

Los rumores dicen, como no podía ser de otra manera, que Las Garras guardan la mayor parte del tesoro que han obtenido a lo largo de estos milenios, pues sólo han gastado una pequeña parte de lo conseguido.

Otros dicen que le ofrecen al Emperador la mayor parte de sus ganancias, y sólo guardan para sí lo necesario para su vida cotidiana y aquellos tesoros o artefactos que por su naturaleza única, su delicada artesanía  su poder mágico destacan incluso entre los reinos Dragones de Etheria.

Las Garras ignoran estos rumores y dedican sus vidas sólo a su misión, perfeccionar sus ates de combate, individuales o en grupo, y a vigilar que nada ni nadie ponga en peligro los reinos draconiles.

Recientemente con la aparición de noticias preocupantes del Sur, los sabios guerreros más antiguos de las Garras, con sus oídos y sus mentes preparados para escuchar lo que otros ignoran, se han sumergido en las bibliotecas del Palacio, que guardan libros de los que sólo existe una copia conocida en todo el mundo de Etheria, y han encontrado referencias a viejos enemigos ya olvidados de los dragones. algunos han atado cabos y creen que lo que sea que sea que ha destruido los puestos fronterizos en el lejano Sur podría estar relacionado con esta antigua amenaza.

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Sabedores de que la paz nunca es eterna, Las Garras han comenzado a prepararse para una inminente guerra cuando el Emperador, el Consejo Draconil y los nobles les llamen, o el Pueblo los necesite.

De La Morada parten cada día emisarios hacia las fortalezas distantes por todos los Reinos, para advertir a las demás fortalezas de las Garras de que se preparen para la guerra, que afinen su entrenamiento y elijan nuevos reclutas aptos para reforzar sus filas.

Las Garras de Ishar han oído tambores de guerra, y mientras el resto de los Reinos de los Dragones de Etheria duermen, ellos saben que estarán preparados para responder.

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