Voy a ofreceros un mini-escenario alternativo para Cyberpunk que espero que os guste partidas.

La idea básica de este escenario, y el hecho que lo diferencia del escenario base del libro no es la fecha, sino el panorama político-empresarial. Bien, 2050 es una fecha lo suficientemente lejana como para sustituir las otras versiones que se han escrito, y si tenemos una visión relaja de la tecnología, una que no incluya la Singularidad Tecnológica, podemos decir que alcanzaremos un grado de desarrollo tecnológico, económico y social similar al del libro.

Por ello, he decidido centrar el escenario de Cyberpunk (o Ciberpunk) no en cambios tecnológicos, sino en importantes cambios geoestratégicos que espero que os parezcan curiosos.

Y es que la diferencia fundamental en este escenario es que la primera potencia mundial no es ninguna de las clásicas, ni ninguna de las potencias emergentes de la actualidad…sino España.

Sí, esa España nuestra.

Podría parecer inverosímil, pero dejadme contaros la historia, y decidid entonces.

Corría el año 2016, cuando un gobierno de coalición llegó a presidir el estado Español, dispuesto a afrontar los numerosos retos que el país tenía por aquel entonces. Desangrado por una crisis larguísima y cruenta, con tensiones territoriales y separatistas, limitado por sus escasos recursos financieros y de capital humano y con una nueva crisis mundial en ciernes, todo parecía abocar al país al desastre.

Sin embargo, el nuevo Gobierno tenía clara sus prioridades. Una nueva ley de educación que modificó todos los estamentos educativos e introdujo elementos que se demostrarían fundamentales durante las próximas décadas, la programación desde los primeros años, el diseño 3D, clases de Creatividad en lugar de la clásica de Religión, y otros muchos cambios, el menor de los cuales no fue conectar la Universidad con el mundo empresarial.

En una década, una nueva ornada de profesionales altamente preparados, y motivados, llegó al mundo laboral. Pero sabedor de que su gobierno no tenía tanto tiempo, buscó una alternativa para aquellos parados que no tenían muchas salidas laborales en ese momento. Tras una cruenta batalla política y económica contra los monopolios energéticos del país, en la que contó con la ayuda de empresas como la Vieja Tesla y la Fundación Gates, impulsó un cambio fundamental en la generación energética, apostando por las energías verdes, la investigación y el almacenamiento de alta tecnología.

En pocos años las primeras Gygafactorías abrirían sus puertas en el sur del país, alimentadas por una energía solar y una mano de obra abundante, preparada y barata que abarataban a su vez los costes, y unían su producción a la oleada de nuevos productos de las renovables mundiales.

También se acometió una reforma del turismo rural, acercándolo a turistas de alto poder adquisitivo, que apostaban por la gastronomía, la cultura y el ocio de calidad. El hundimiento de las finanzas alemanas, muy tocadas por su crisis bancaria, trajo numerosos jubilados-refugiados alemanes, que buscaban un lugar de retiro seguro para ellos, y para sus ahorros.

En menos de los cuatro años de la legislatura, los nuevos empleos verdes ya sumaban un 12% de la población empleada, lo que unido a mejoras en la productividad y de las exportaciones, y a las leyes que convirtieron Mallorca en una importante plaza financiera del Mediterraneo, redujo el desempleo por debajo del millón y medio de parados.

Era sólo la primera parte del plan. Con la reeleción en el bolsillo, el Gobierno dio un nuevo paso. Decidió emplear parte de los 70.000 millones adicionales de que el país conseguía cada año para atraer empresas del base tecnológica. Empresas que estuviesen dispuestas a construir las infraestructuras necesarias para impulsar la sociedad del conocimiento.

Durante media década se construyeron enormes centros de datos, redes de alta velocidad y 5G, fábricas de automóviles y vehículos autónomos, fab labs, etc. Las primeras de estas megainfraestructuras se terminaron bastante antes de que los nuevos licenciados e ingenieros saliesen de universidades y centros de formación profesional, pero no fue difícil alimentarlas con los expatriados retornados que volvían al país atendiendo al llamamiento del Gobierno de España.

En 2023 se celebró un referendum ilegal en Cataluña para decidir la excisión del resto de España, en el cuál no participó ni el 30% de la población censada, y en el que el No a la separación arrasó.

En 2024 el Gobierno ya se sentía con valor suficiente como para prometer, para las nuevas elecciones, una renta básica. Ese fue su gran error.

A pesar de arrasar en las elecciones, la coalición gobernante no pudo cumplir su palabra. A pesar de que los cambios en educación empezaron a dar frutos, y de que España ya atraía enormes inversiones de fondos estatales, soberanos y de capital riesgo, el hundimiento de China, debido a una crisis larvada durante casi una década de ocultamiento de las condiciones reales de su economía, y la guerra recubierta, pero nada disimulada entre Estados Unidos y Rusia por el dominio sobre Ucrania y Turquía, hicieron caer el turismo y el comercio mundial.

Si bien España fue uno de los países menos perjudicados, sí se vio incapacitado de acometer las inversiones financieras públicas necesarias para mantener la promesa de la renta básica ante una población, lo que le costó su reelección en 2028.

El nuevo Gobierno había aprendido la lección, y decidió crear las condiciones para esa renta antes de prometer nada. Invirtiendo en atraer empresas de robótica e inteligencia artificial, impulsó la llegada de robots asistenciales y del “internet de las cosas médico” a los hogares. Descargando enormemente hospitales y ambulatorios, pudo enfocar los recursos médicos en revolucionarios avances radicales, y los financieros en crear un plan de pensiones global paralelo a la Seguridad Social.

Con el dinero de ambos, fue sencillo implantar una renta mínima a principios de la década de los 30, y una renta básica a finales de la misma.

Pronto países como Puerto Rico y Cuba pidieron ser reconocidos como provincias de España, al tiempo que los gobiernos de latinoamérica restablecían ralaciones privilegiadas con España y Portugal, lo que benefició enormemente el comercio entre ambos lados del atlántico, y potenció el Español como la primera lengua de Internet.

Durante los lustros siguientes hasta 2050, España arrebató el trono de la economía mundial a una depauperada Estados Unidos.

Los líderes mundiales descubrieron que España se había convertido en una potencia mundial de primer orden Durante las Guerras del Marfil (llamadas así porque ocurrieron en el Áfrcia subsahariana). Numerosos dictadores africanos unieron sus recursos, muy castigados por el creciente cambio climático, para tratar de conquistar los territorios del norte de África, beneficiados por el ciclo pluvial, unos países aliados de España, y en los que ésta y las empresas asentadas en la península tenían enormes intereses energéticos.

España apoyó a sus aliados de forma sorprendente. Las llamadas Fab War eran enormes camiones autónomos desplegados por aire en territorio enemigo, y con capacidad de manufacturar una amplia variedad de armamento autónomo. En pocas horas varios escuadrones defensivos se desplegaban sobre el terreno asegurando la zona, y un par de días después, un mini ejército de robots, drones y vehículos semi inteligentes (o dirigidos por pilotos mediante telepresencia mental) arrasaban sus objetivos con precisión quirúrgica.

En pocos días, numerosos estados disfuncionales fueron derrocados y sustituídos por la oposición apoyada por los países del norte de África.

Para cuando comenzó la década de los Cuarenta, ya nadie dudaba sobre el papel de España (y menor media el de Portugal) como potencia mundial de primer orden.

Y así llegamos hasta hoy en día. Es 1 de enero de 2050, y España es un crisol con más de 85 millones de habitantes, 25 de los cuales son inmigrantes o hijos de inmigrantes de nacionalidades tan variadas como Colombia, México, Alemania, Rusia, Japón o Marruecos. Existen un estado del bienestar que cubre a los que tienen la nacionalidad, pero que deja enormes bolsas de población sin coberturas básicas. Sus empresas son pioneras en numerosos campos como la Realidad Virtual, la Robótica y las Energías alternativas, y prometen lanzar en un par de años el primer reactor de fusión funcional. Empresas como Tesla, Space X, Blue Origin y Sony han trasladado sus sedes centrales al país, y la minería de asteroides, la recolección solar espacial y la cosecha de helio 3 de la Luna se deciden en alguna de las conurbaciones españolas que pueblan la península de norte a sur.

Megalópolis inmensas con rascacielos (y rascasuelos) que superan el kilómetro de alto y albergan cantidades ingentes de empleados corporativos, hackers virtuales, diseñadores freelances, mascotas clonadas, vehículos autónomos, algoritmos evolutivos recurrentes nacidos en la red, científicos locos peligrosos, y científicos cuerdos aún más peligrosos.

La Red de principios de siglo ha evolucionado en La Matriz, una red de realidad virtual que une sitios de empresas, juegos online multiversales, clases de universidades virtuales, etc. pero también sitios tan oscuros y peligrosos que no tendrían cabida en el mundo “real”, como los Siete Sótanos, El Cielo de Abajo y el Red Sin.

El mundo va cuesta abajo, el cambio climático golpea incluso a España, con lluvias torrenciales en la mitad de la península y enormes períodos de sequía en la otra mitad. Las guerras se multiplican, ya sea su origen religioso, económico, político e incluso social (las Guerras del Matrimonio que enfrentaron al Vaticano, respaldado por Polonia y los estados bálticos con los países nórdicos que trataron de  implementar el poliamor son un ejemplo claro).

Las conspiraciones corporativas empequeñecen las intrigas políticas de principios de siglo, y las vidas humanas valen tanto como el tamaño de tu cartera. Y en este mundo, los personajes tratan de sobrevivir.

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