Los primigenios y los Dioses Exteriores le ganaron por la mano a la Humanidad. Eso ya es bien sabido.

Desde los años veinte, los sucesos extraños fueron sucediéndose cada vez con mayor frecuencia. Esforzados investigadores y agentes de la ley trataron de detener los planes de los cultos inmundos, poner a buen recaudo libros malditos, desentrañar madejas de urdimbre impía…fracasaron. No es que no fuesen lo suficientemente valientes, ni sabios, ni inteligentes, es que nunca tuvieron ninguna oportunidad.

Ante las fuerzas que querían entrar en nuestro mundo, la sabiduría milenaria de la Humanidad, palidecía. Criaturas que probablemente existían antes de que naciese nuestro Universo utilizaron nuestras propias contradicciones, las flaquezas humanas y nuestra juventud, para permear, con una paciencia infinita, nuestro mundo.

Por cada culto que los investigadores desmantelaban existían diez mucho más antiguos y de los que nadie oyó hablar hasta que fue demasiado tarde.

Los años 50 no fueron buenos. Cuando se descubrió que la Segunda Guerra Mundial había sido urdida por una secta para alimentar a Azathot, el Sultan Demoníaco, los gobiernos fueron plenamente conscientes de la amenaza que se cernía sobre el mundo, pero no sirvió de nada. Habían muerto más de sesenta millones de personas, pero el mal y la corrupción, la corrupción de verdad, de la que compra almas en lugar de favores, estaba demasiado extendido, infiltrado en cada capa de la sociedad. La Guerra Fría impidió un frente unido contra la amenaza, y las agencias de inteligencia de ambos bandos tuvieron que dividir su atención entre el rival filosófico, y las amenazas provenientes de los oscuros rincones del cosmos.

Islas enteras fueron devoradas por los Profundos y por criaturas peores. La pérdida de submarino nuclear ruso en Alaska, que casi desata una guerra nuclear, fue achacada a una batalla entre Dagon e Ithaqua. La mitad del Estrecho de Bering es intransitable por la radiación. En la América profunda, extraños disparadores genéticos y mentales salieron a la luz, quizás programados por los Mi-go hace 30.000 años en nuestros antepasados, y una oleada de canibalismo llegó a las noticias de los principales informativos del país. Los investigadores creen que fue debido a degeneración genética y endogamia, pero también que todos llevamos ese disparador dentro, y nadie sabe cuándo se va a activar, convirtiéndonos en terribles monstruos.

Los primeros setenta nos trajeron las guerras del petróleo, y algún loco intentó solucionar la crisis con un conjuro que tuvo como resultado que la mitad de los pozos de petróleo de Oriente Medio fueron tomados en posesión por un renacido Nyogtha. Oriente Medio es un páramo donde brujas nómadas comercian con niños beduinos y donde el dios menor oscuro campa a sus anchas.

Y así llegamos a los Noventa.

El Vaticano, la Meca exiliada y la UE llegaron a la conclusión de que si los Primigenios, los dioses Exteriores, sus seguidores y seres como los Mi-go , los gules y los hombres serpiente existían, también podría existir en la tierra seres del bien puro.

Oyeron hablar de los dioses arquetípicos, pero prefirieron centrarse en algo que conocían mucho mejor. Los Ángeles.

Durante años recorrieron el mundo, mediante agentes o fuerzas expedicionarias, saqueando bibliotecas y conocimiento, incluso de sus enemigos. Lograron, por fin, algunos dicen que mediante torturas a sus odiados rivales cultistas, rehacer los antiguos ritos que se suponía que iban a traer a la tierra a los ángeles. Por desgracia, funcionó.

El 25 de Diciembre de 1.999 el primer Ángel apareció en el centro de un pentagrama en el piso menos doscientos del Vaticano. No era como los monjes clásicos lo habían imaginado. Grande, de piel azulada, una enorme boca repleta de dientes negros como el espacio, sin ojos, y con dos huesos quemados que sobresalían de su espalda allí donde deberían estar sus alas, devoró los cuerpos y las almas de medio millar de personas antes de que algo llamase su atención y desapareciese flotando en la niebla.

La batalla entre Alemadiel, así se llamaba, y Nyogtah estremeció la tierra. El dios oscuro frente al ángel devorador. La batalla se llevó la vida de miles de seguidores del primero, antes de terminar en unas tablas que el Frente Angelical consideraron una victoria. Ambos bandos redoblaron sus esfuerzos, con los angelistas tratando de invocar nuevos ángeles, y los cultistas su contrapartida oscura. La URSS y los USA se han aislado del mundo, tratando de evitar la corrupción y a los ángeles. no lo han conseguido tampoco.

Y así llegamos a 2.016.

Nadie controla a los ángeles, pero el los angelistas, liderados por el Vaticano, poseen una gran influencia respaldada por la fe de millones de personas desesperadas, y continúan invocándolos, a razón de uno cada año o dos años. Emeladiel, el ángel de la fe, Pharasteion el múltiple, quien posee una mente enloquecida y veinte cuerpos, y otros muchos. Con ellos llegaron sus propios acólitos y sirvientes, quienes edifican torres y reinos alienígenas en diversos lugares del mundo, donde los ángeles exigen adoración y tributo, mientras combaten a los Primigenios.

Otras facciones entre los hombres tratan de combatir a uno y otros con armas y tecnología, o con conjuros robados.

El mundo está al borde de un estrecho precipicio, y tanto si cae hacia un lado u otro será su fin. Nadie sabe cuánto podrá la Humanidad mantener el equilibrio en un margen tan estrecho.

Próximo capítulo: Todos Contra Cthulhu II (Ríos de sangre…¿y si los vampiros fuesen lo único que se interpone entre la Humanidad y su extinción?)

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