Una masa chorreante de limos informes cubre toda esta caverna, la cual recibe su nombre de esta característica, y la mayoría de los habitantes de la pequeña ciudad de Remimbi lo conocen por ello con el nombre de La Caverna de los Limos.

Limos cristalinos, verdes, ocres, negros, incluso el extraño limo blanco (sí, sé lo que estás pensando, ¿cómo ha llegado aquí un limo blanco cuando sólo habitan en lugares helados, en las lejanas cavernas cubiertas de hielo y nieve por las ventiscas?), todos ellos habitan en este lugar, predando los pocos animales, viajeros o criaturas que pasan por aquí.

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La cantidad de limos en la caverna puede exceder el millar, y muchos de ellos, hambrientos, reptan por los pasadizos adyacentes tratando de encontrar una presa. (al menos los que pueden hacerlo).

No es que estas criaturas en general necesiten mucho alimento, su vida suele ser una inmensa espera en busca de caer sobre algo, o que les pise algo, o que algo se caiga dentro de ellos, y eso hace que sean seres capaces de alcanzar largos períodos sin alimentarse. Pero los limos de esta caverna, esos, son los puñeteros campeones del ayuno corrosivo. La competencia por la comida es tal (deberíais ver lo que pasa cuando un incauto entra en la caverna, ver miles de criaturas lodosas tratando de abalanzarse sobre él acojona), la necesidad de soportar el hambre ha sido tan grande, que muchos de estos limos pueden pasar décadas sin comer nada.

La evolución los ha hecho así, o el destino, o los dioses de los limos (el panteón de Infinity Dungeon posee al menos siete de ellos, pues son uno de los habitantes más numerosos del mundo, increíble ¿no?).

Y a pesar del terror que representa, alguien ha encontrado un uso para la caverna. Un viejo comerciante ha montado una empresa familiar, que ahora llevan sus nietos, la cuál explota la caverna de los limos, y mantiene a ralla a competidores y ladrones que desean robarle estos limos tan especiales).

¿Cómo lo han hecho? fácil. Mucha de la gente cree que poblar un dungeon con trampas, monstruos, enigmas y criaturas es sencillo. Incluso en un mundo como Infinity Dungeon es necesario un trabajo muy duro para hacer un buen trabajo de diseño y construcción. Por ello Garlan Cope creó la Compañía de Diseño e Interiorismo de Dungeons de Remimbi.

Garlan era un curtidor de cuero que llevaba un negocio familiar en decadencia. Había heredado la compañía de curtido de cuero de sus abuelos, pero el negocio no iba bien. Una guerra entre clanes enanos cortó las principales vías de acceso a su fuente de suministros, una inmensa caverna donde el reino gnomo de Gondria cría reses y otros animales más extraños. Apesadumbrado, solía salir a pasear, por los pasillos adyacentes a la caverna de los limos. La mayoría de la gente de Remimbi rehuía  esta zona por la presencia de los impávidos cazadores, pero Garlan, ataviado con sus propios ropajes, especialmente tratados, era inmune a la corrosión de los limos. Unas pesadas botas, un pantalón de cuero y su jubón con capucha le protegían mientras paseaba por los pasadizos o se sentaba en algún mirador a ver reptar los limos.

Viendo a estas resilientes criaturas, Garlan comprendió que muchos magos, señores oscuros de la guerra y demás ralea, necesitarían ayuda para poblar sus dungeons. Sí, los sicarios, soldados y arquitectos para trampas eran fáciles de encontrar, pero otros elementos imprescindibles en un dungeon que se precie eran más difíciles de encontrar.

Pensadlo bien. Es fácil meter un otyught, un dragón de huesos o una seductora vampiresa (excepto si hablamos de una voluptuosa hidra tzimitche de seducción, claro, eso son palabras mayores) pero mantenerlos ahí, sin que devoren, seduzcan, esclavicen o conviertan en apéndices sexuales de su propio cuerpo, al resto de habitantes del dungeon, inclusive su propietario, es más complicado.

Y lo mismo pasa con los limos.

Pon un limo en un pasadizo perdido, ahí, bien colocado, como guardián por si alguien trata de penetrar por los desagües, o por un pasadizo abandonado. Seguramente pasen meses, incluso años, hasta que nadie pase por allí, y a menos que el propietario del dungeon de turno (que tiene cosas más importantes que hacer  que encomendar a sus subordinados) desee estar alimentando cada cierto tiempo a la criatura (por no hablar de lo desagradable de la tarea) el limo estará muerto cuando lleguen los incursores de verdad.

Exceeeeptooo si se trata de uno de los limos de Garlan. Estas criaturitas pueden estar alimentándose de cucarachas durante décadas, y no necesitan mantenimiento adicional. Lo compras, lo sueltas en su lugar, y ahí estará, descansando y esperando a los intrusos.

Parece una idea idiota, pero funcionó.

La Companía de Diseño e Interiorismo que regentan los herederos de Garlan es mundialmente famosa por proveedor limos de gran calidad, extremadamente agresivos a la hora de comer, y resistentes para los objetivos que los compradores deseen. Sus hijos y nietos son ahora extremadamente ricos, y poseen un pequeño ejército privado para proteger sus intereses.

La Compañía mantiene cuidada y en equilibrio la caverna de la que recolectan los limos, al mismo tiempo que la protege de expoliadores ocasionales y ladrones profesionales. Lo que no suele hacer nunca es impedir que algún despistado termine entrando en la caverna. ¿Para qué va a hacerlo si así se ahorra una ronda de comida?

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Bonus: los contratos

Al principio, algunos señores de dungeon trataron de engañar a Garlan revendiendo a su vez los limos adquiridos. Es sencillo crear copias de una de estas criaturas. Garlan gastó enormes sumas de dinero persiguiendo y recuperando estos limos.

Desde entonces, ha decidido imponer una cláusula en los contratos de compraventa de las criaturas. Contrató a un poderoso archimago para crear una cláusula mágica automática. en caso de inclumplimiento del contrato, el firmante aparecerá, mágicamente transportado, en el mismo centro de la Caverna de los Limos, y rodeado de un behemot corrosivo hyper-hambrinto. Baste decir que desde entonces se ha reducido drásticamente las reventas ilegales de limos.

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