Cualquiera que siga alguno de mis blogs sabrá que tengo una peculiar forma de escribir.

Rápida, ocasional (adaptada a mi actual falta de tiempo), poco pulida y revisada y desde luego, muy basada en la improvisación y la escritura creativa.

No escribo por dinero ni fama, sino por ofrecer a la gente algo que le guste leer.

Por ello he desarrollado de forma innata una peculiar técnica para escribir en el blog aquellos temas extensos que consiste en tratar un tema por etapas. Una serie de post.

Lo original no es eso, por supuesto, sino el desarrollo.

En el primer post desarrollo todo aquello que me apetece contar y que describe perfectamente el objeto del post. Dejo para sucesivas entregas las cosas más aburridas y que menos me apetece escribir. Pero sólo lo escribo si el post y el tema gustan y atrae los suficientes lectores (los comentarios ayudan a decidir si merece la pena emplear esfuerzos y mi escaso tiempo en desarrollar algo de lo que ya he contado lo importante).

Quizás no sea lo mejor para los lectores, pero me permite poder seguir escribiendo cosas que me gustan y no perderme en detalles que ni vosotros ni yo valoramos.

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