Uruzum, el territorio meridional conocido por sus tierras salvajes y atestadas de peligros.

Rodeado de ciudades estado humanas y algún que otro reino élfico por todos lados (excepto el noreste, allí sólo aguardan las inaccesibles Montañas de la Luz (sí, si has pensado en los terribles enanos caníbales acertaste).

Quizás una de las aportaciones más notables de este territorio a la historia del mundo sean sus famosas unidades de granaderos orcos.

Procedentes de algunas de las múltiples tribus orcoides de Uruzum, más concretamente de la zona semidesértica del mismo, estos soldados se han hecho terriblemente famosos en las campañas militares de los nobles.

La razón de ello es su dominio de un arma hasta hace décadas insospechada, las griahds.

Las griahds no son un arma forjada por los legendarios herreros enanos, ni por los forjadores élficos, los inventivos gnomos y los experimentados maestros de armas humanos.

Las griahds son una semilla.

En concreto, el racimo de semillas que los árboles poliadras utilizan para su reproducción.

Estos singulares miembros del reino vegetal, originarios de las zonas secas de Uruzum, han desarrollado una peculiar técnica de reproducción.

Liberan piñas griahds en la época seca, que viene a ser casi el cien por cien del tiempo, y éstas permanecen allí hasta que se produce una casual lluvia.

Es con la humedad repentina que las griahds realizan su transformación. En cuestión de segundos las piñas se abren y expelen a presión las semillas de su interior.

La fuerza de semejante explosión es tal que las duras semillas (diseñadas por la Naturaleza y los dioses durante milenios para atravesar obstáculos y sobrevivir a las duras condiciones del desierto) son capaces de atravesar carne y acero.

Los expertos razonan que esta extraña evolución es producto de la necesidad de los poliadras de adaptarse a un entorno hostil. Para sobrevivir, desarrollaron una madera casi impenetrable que retiene la humedad en el interior de la planta, y, los más singular, unas raíces tóxicas. Estas raíces impiden el crecimiento de cualquier planta en el entorno de los poliadras, incluyendo su propia descendencia. Así, a medida que las raíces de estos árboles iban siendo modeladas por la evolución para ser más tóxicas y “limpiar” más área de terreno a su alrededor, los poliadras necesitaban que las griahds expeliesen cada ves más lejos las semillas que llevaban con ellas su posibilidad de reproducción.

Esto ha creado una fuerza de la Naturaleza que explota violentamente con la humedad arrojando su metralla en todas direcciones, atravesando madera, acero y, por supuesto, carne y huesos.

Es más, la toxicidad de las semillas es tal que incluso si la explosión no daña ningún órgano vital, los heridos por ellas mueren a los pocos días entre terribles sufrimientos.

Los orcos, que adoran a los poliadras casi como a dioses (otro día hablaremos del uso que hacen las tribus de las raíces venenosas y de la resistente madera de los poliadras caídos), no tardaron en comprender el regalo que sus dioses del desierto les hacían.

Así, aprendieron a usarlas contra sus enemigos ancestrales, las hordas nómadas de goblings del desierto (sí, en Uruzum hay cosas peores que los orcos).

Pronto, sus tácticas se hicieron famosas, y los maestros de la guerra de medio mundo quisieron tener unidades de granaderos en sus filas. Ver una de estas bestias, o varias, acercarse a tus propias filas, cargados con reatas de griahds, sus cubos de agua donde sumergen las piñas y sus armaduras de madera de poliandra (esta madera es casi de las pocas cosas que no son atravesadas por las semillas, y por ello los orcos de Uruzum defienden sus poliandras con fiereza, además de con fervor místico).

Las filas y formaciones mejor cerradas son destrozadas en segundos por un par de estos expertos granaderos, y sus armaduras completas de poliandra (es la mejor forma de no morir por sus propias griahds, por supuesto) les permiten acercarse a salvo de arqueros y lanceros.

Esto ha tenido como efecto que muchos ejércitos hayan desarrollado sus propias unidades o tácticas contra los granaderos. Éstas van desde los saeteros elfos (capaces de colar un dardo por el único resquicio de las armaduras poliadras, las viseras), hasta las catapultas de lluvia (es frecuente ahora lanzar enormes tripas de vaca con agua mediante catapultas, para “regar” las filas enemigas si se sospecha de la existencia de granaderos. Se espera así alcanzar las griahds y hacerlas explotar en medio de las filas enemigas).

Por último, y antes de finalizar nuestra recopilación de lo que los historiadores sabemos de los granaderos orcos de Uruzum, quretía dejar nota de la dificultad que criar poliadras fuera de las tierras secas de Uruzum.

Al parecer, la química del suelo ha sido modificada durante milenios por las raíces de los poliadras, y las semillas sólo arraigan allí (muchos dicen que los propios árboles son los responsables de traer el desierto a estas zonas de Uruzum.

Quien quiera hacer la prueba de cultivarlos en otra zona no sólo debe saber cómo conservar las semillas, sino conseguir enormes cantidades de tierra ponzoñosa, atravesando territorios orcos y goblings.

Es mucho más fácil y barato contratar una de estas unidades de élite mercenarias. Los orcos siempre estarán encantados de que les paguen por matar.

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