Un tejado de pizarra es lo primero que contempla el paseante cuando atraviesa el Puente de Adrient que cruza por encima del río de la ciudad y contempla la mansión de Gustav.

La roca sólida confiere al edificio, que fue un antiguo portalón defensivo que vigilaba el milenario puente (algunos ciudadanos de Seesa dicen que el puente y la mansión son más antiguos incluso que la ciudad, y que ya estaban allí cuando Adrient de Loxos decidió fundar Seesa para escapar de La Plaga), un aspecto monumental, y por ello Gustav la eligió como su hogar y sede de su casa comercial.

Los negocios no fueron todo lo bien que el comerciante esperaba, no en vano las caravanas dragómadas llegaban cada vez con más asiduidad, y con productos nuevos que le hacían una competencia insuperable. Si casa de comercio de objetos únicos y artesanía local no podía competir con las maravillosas piezas mecánicas de Constructia, o los tenumbrales constructos de espejo negro de Taniendra, las gemas coralinas vivas de Orcasis o los parásitos de sangre de Nueva Estrella, muy de moda entre las jóvenes líneas nobiliarias hace unos años, por aquella estúpida moda de estar delgado y pálido hasta casi parecer un cadáver que hubo en la ciudad. Para alguien de la talla de Gustav y su gusto por la comida, esa moda era incomprensible, al igual que el porqué esos extraños viajeros se exponían a la Plaga para arrebatarle su negocio. Ni siquiera el hecho de poder disfrutar de manjares extraños de ciudades de todo el mundo podía compensar todo lo que le habían arrebatado los dragómadas.

El día que uno de ellos, de piel plateada y extraños tatuajes danzarines entró por la puerta, Gustav tuvo que reprimir su primer impulso de echarle, y su deseo secundario de matarle y hacerle desaparecer.

Resultó que el dragómada estaba buscando un socio para un extraño negocio, y Gustav parecía el hombre apropiado para ello. Las cosas han mejorado mucho para Gustav.

Desde que el Dragómada trajo la Cámara, y la instaló en el almacén de Gustav, el flujo de clientes no sólo se ha restablecido, sino que ha superado el de los mejores tiempos de la casa. Todos quieren sacarle una de las espectografías en la famosa Cámara de Preservación del Alma de Gustav.

Gracias a ella, cada cliente que se introduce en su seno consigue una reproducción a tamaño real que es su viva imagen. La espectrografía parece atrapar el alma de cada persona y crea una etérea escultura semitraslúcida, semiviviente y extrañamente perturbadora de cada cliente. Por supuesto, entre ciertos sectores de la depravada clase alta de las Cuatro Casas de Seesa no podía dejar de ser un éxito.

La riqueza de Gustav se ha incrementado enormemente, y el prestigio de la casa se extiende incluso por oras ciudades, hasta el punto de que hay gente de paso que viene a realizarse una espectrografía antes de terminar sus asuntos en Seesa y abandonar la ciudad.

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Bonus: quizás el dragómada que le ofreció el negocio a Gustav tenga un objetivo secreto, quizás la Cámara realmente robe parte de las almas de los fotografiados (o espectrografiados), y éstas sean almacenadas en un cristal en la sede de los Dragómadas en Seesa, donde están a punto de dejar Seesa para ser vendidas a un cliente desconocido, si nadie lo impide. Las pesadillas, falta de sueño y ligera depresión que parecen sufrir los que han probado la cámara podría dar verosimilitud a esta teoría, de ser cierta.

Nota: este escenario fue pensado para situarse en la ciudad de Seesa, pero puede ser fácilmente adaptado a otras ambientaciones.

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