“Si este mundo tuvo nombre alguna vez fue hace mucho olvidado. Nosotros lo llamamos, Neoptelion, y es nuestro hogar.

Dicen que los Predecesores vivieron una vez abajo, en continentes de una sustancia llamada roca, y rodeados completamente de una riqueza sin fin. Agua por todas partes, agua corriendo por el suelo, en enormes depósitos sin fin, agua cayendo del cielo.

Tenían también comida y aire en abundancia, hasta que se embarcaron en construir este proyecto, La Plataforma.

Nunca he salido de mi Regi, así llamamos a nuestros asentamientos, pero quien sí lo ha hecho asegura que La Plataforma es inmensa, imposible de recorrer completamente, debido a su tamaño y a los peligros que en ella acechan.

Pero claro, si bien es cierto que las bandas de saqueadores, los lemuridos y los arocranios, son peligrosos, mucho peor sería estar ahí abajo, con los Lazarus.”

Neoptelion es una ambientación que puedes jugar como un posible futuro del planeta Tierra o como parte de una ambientación de ciencia ficción.

En el pasado, los hombres, en su osadía, construyeron La Plataforma, una gigantesca concha geosincrónica inacabada alrededor del planeta, que, en teoría, les permitiría sobrevivir a la devastación climática que habían creado.

Dotaron a la plataforma de todo lo que pensaban que iban a necesitar para sobrevivir. Paneles solares, laboratorios, granjas hidropónicas, el plan era dejar la cada vez más inhóspita superficie del planeta y mudarse allí en masa.

No llegaron a terminarlo.

En su afán por conseguir hierro y metales para su creación, los hombres excavaron a gran profundidad, hiriendo la tierra y creando grandes abismos que parecían insondables.

No lo eran, pues en el manto de la Tierra, los hombres despertaron a los Lazarus.

Esta ordalía de gigantescos gusanos negros y relucientes como el ónice, que hasta el momento vivían del calor que emanaba del manto y el núcleo de la Tierra, ascendió por los pozos y destruyó a la Humanidad.

Los operarios, albañiles, soldadores, científicos y familiares lo suficientemente afortunados para encontrarse en ese momento en la Plataforma, o llegar a toda prisa y ascender por ella, sobrevivieron.

El resto no.

Ahora, siglos después, a causa de su ceguera. la Humanidad se ha convertido en una sombra de lo que fue.

Asentamientos humanos, bandas de saqueadores, alguna especie modificada genéticamente escapada de los laboratorios en los que se experimentaba con nuevas formas adaptadas a la Plataforma, como los simiescos lemuridos y los alados arocranios, todos ellos, mal viven a docenas de kilómetros sobre el suelo.

El aire escaso pero llevado allí por las torres de respiración, los colectores de agua, los paneles solares, las granjas hidropónicas y otros equipamientos muy deteriorados, dieron a los supervivientes la oportunidad de adaptarse rudimentariamente.

A veces, una expedición valiente baja abajo por alguna de las espínulas, para capturar un Lazarus, pues su cuerpo es empleado como combustible y su sangre como componente para hacer funcionar las máquinas que les quedan.

Estos valientes hablan de hordas de gusanos negros, abismos volcánicos que hienden la Tierra, y un paraje inhóspito y hostil.

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