Por mi profesión, he de confesar que me apasionan los procesos empresariales, y por lo tanto, suelo estar muy atento a ellos.

En concreto, últimamente estoy fijando mi atención en el nacimiento de lo que podemos llamar la industria rolera.

Ya he escrito sobre el tema, y definir cuándo una afición con un puñado de empresas pasa de ser un pequeño área de negocios a ser una industria en sí misma no es tan fácil como marcar una línea que debe cruzarse.

No sabría decir si actualmente el mundo del rol es una industria del entretenimiento más o sólo un área dentro de una mayor como puedan ser los juegos de mesa, y desde luego, en el caso español asignarle este calificativo es mucho más aventurado que en el internacional.

La industria patria (permitidme de momento usarlo) del rol ha crecido mucho en los últimos años. A pesar del casi abandono de los que estaban llamados a ser los pesos pesados del rol (Edge y Devir) y de la desaparición de La Factoría hace mucho ya, han tomado el relevo de la edición de juegos un buen puñado de editoriales, muchas de ellas surgidas al calor del fenómeno fan, confiriendo a nuestra afición una profesionalización mucho mayor (o al menos, no menor) que la de hace unos años cuando Zinco y La Factoría llevaron el rol a El Corte Inglés y a otros muchos lugares impensables hasta entonces.

Por el lado crítico, debo decir que no podremos llamar industria a nuestra afición hasta que no haya un número importante de personas que puedan vivir de esto, y actualmente está condición ni se da, ni la esperamos para los próximos años. El número de personas que viven de esto puede contarse con los dedos de una mano, o quizás, siendo pesimistas, sea igual a cero.

Siendo así, uno diría que para tener el orgullo de decir que existe una industria rolera lo primero que debemos hacer es aumentar no sólo la capacidad de llegar a más gente, sino nuestra propia capacidad de facturación.

Aficionados y dinero son dos buenas patas sobre las que podemos evaluar el estado de la industrial rolera, siendo la tercera pata la que mejor resultado está dando en la actualidad, y no es otra que la producción de juegos de rol.

Ya sean ediciones en papel, pdfs, patreones, crowdfundings, juegos mixtos con tablero y cartas, blogs, rankings, etc. Podemos decir que hay una amplia oferta que puede estar llegando incluso a saturar el mercado.

¿Cómo es posible que se sature un mercado si ni siquiera ha crecido por encima del umbral crítico necesario para ser calificado como industria? Precisamente porque quizás fallemos en los dos primeros puntos, no tenemos los suficientes aficionados en el mercado, y no tienen el dinero necesario para hacer crecer los ingresos.

Bueno, todas estas disquisiciones están muy bien, pero sin ver las cifras de las editoriales no son sino un pensamiento público no contrastado, pero me sirven de ejercicio para ver qué es lo que se podría hacer para mejorar una situación que, intuyo, es precaria y frágil.

Como buen burbujista en lo económico, mi principal preocupación cuando intuyo una burbuja es conseguir que el crecimiento de los mercados acompañe el de la industria, para acompasar oferta y demanda, y eso es mucho más difícil de lo que la mayoría, yo incluido, pensamos.

Así que vamos a cruzar los dedos, vamos a esperar que, sea el rol ya una industria o no, la demanda de juegos se mantenga al nivel de la oferta, o crezca por encima de ella para permitir a aquellos que quieren vivir de la edición de jugos de rol puedan incrementar sus ingresos y profesionalizarse.

En contrapartida, estos profesionales del rol deberían esforzarse más en mejorar sus juegos, su distribución, sus análisis de mercado, así como el soporte que dan a sus clientes presentes o potenciales, para sí conseguir que más y más gente entre en el mundillo de rol, y la palabra industria pueda utilizarse con plena confianza.

El problema que veo es que estamos ante el dilema de crear un círculo virtuoso de creación. Mejores y más juegos, jornadas mayores, revistas y más contenido Online de calidad deberían atraer aficionados, y después ingresos, que a su vez permita ofrecer más cosas, bajar precios y subir la calidad.

El filo entre entrar en un círculo virtuoso y uno vicioso es muy fino, y es fácil traspasarlo sin darnos cuenta tanto a nivel individual como a nivel colectivo.

Me pregunto hacia qué lado de ese puente caeremos, y si habrá trolas esperándonos debajo.

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