Uno de los mayores problemas en Infinity Dungeon es la orientación. Sin referencias externas reconocibles en la mayor parte del mundo, el laberinto de pasadizos, cavernas, simas, ríos subterráneos y pasillos ha matado más aventureros que los monstruos que los habitan.

Incluso los habitantes de una zona pueden desorientarse en un momento dado en pasajes otrora familiares cuando un pasillo se derrumba dejando al descubierto un nuevo laberinto, desviando un río o tapando una ruta conocida.

Una de las soluciones mejor conocidas son, por supuesto, los mapas de los cartografistas. Apreciados como tesoros, un “tomo de planos” como se llama a los libros de mapas, puede llegar a valer tanto como un reino, dependiendo de su precisión y su rareza.

Por supuesto los más apreciados de ellos son los tomos arcanos, que mezclan la diligencia y precisión de un cartografista con el poder de un mago, para realizar grandes proezas.

Famoso es el Tomo de los Planos de Polshis, el cuál, se dice, puede mostrar la estructura de dungeons y pasillos un centenar de pasos por delante de su poseedor antes de que éste los transite.

Y claro, quizás el más apreciado de todo sea el Tomo De los Planos Infinitos. Un poderoso artefacto perdido (y siempre buscado) que transcribe con una increíble destreza, comparable al mejor Cartografista vivo, aquellos territorios por los que es llevado y los muestra en sus infinitas páginas. Au poseedor, se dice, sólo tiene que abrirlo al azar y se encontrará en la página correspondiente al lugar en el que se halle, siempre que el tomo haya transitado alguna vez por ahí. Del precio a pagar, el mal llamado “ansia errante”, o “la pérdida del arraigo”, por poseerlo, hablaremos otro día.

Hoy quiero hablaros de unos objetos menos conocidos, pero igualmente útiles para algunos, las Clíaras Cantoras.

La primera que tuve la adquirí en el Mercado de objetos maravillosos de Ulabelle, y todavía la guardo.

Todas las Clíaras son pequeños objetos mágicos de cristal, con forma de flor. Cada uno de ellos permanece atado a un lugar y a una persona, y poseen la propiedad de cantar, sí, cantar, y un hermoso cántico angelical diría yo, en la me te de su poseedor cuando se acerca al hogar.

Las clíaras son capaces de guiar a una persona hacia el lugar al que ambos consideran hogar, y por ello son tan apreciadas por aventureros esporádicos y comerciantes.

Una clíara podría cambiar de dueño, pero nunca de hogar, por lo que para ser “transferida” mediante los apropiados rituales, ambos partícipes deben considerar su hogar un lugar a no más de una milla redonda de distancia.

Bellos y hermosos, estos pequeños objetos mágicos son a la vez poderosos y apreciados, y crean en cierta forma un lazo con su poseedor, por lo que, en la realidad, es muy difícil desprenderse de ellos.

Se habla de una cofradía de raptores de clíaras que secuestran a sus propietarios y, mediante un ritual impío, arrancan la clíara de su conexión con esa persona y su hogar (para venderlas a coleccionistas dicen unos, para usarlas para crear un mapa secreto del mundo, dicen otros), pero si tal cosa existe, espero no descubrirla nunca.

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