Sé que no tiene el glamour de los mundos del AD&D, con sus Reinos Olvidados, sus Dragonlances y sus Ravenlofts, pero Glorantha, como Sevilla tiene un color especial.

Un color, o mejor dicho, un sabor, arcaico y mágico a la vez. La magia es más sutil, casi primitiva, sus héroes son menos claros, y sus criaturas extrañamente atrayentes (adoro a los broos).

Hace al menos seis años que no juego en Glorantha (creo que la última partida que jugué fue con Enrique Garrido, que ahora se encuentra lanzando Xanágenis), pero de vez en cuando me gusta releerme los viejos manuales y sumergirme de cabeza en las brutales maravillas que lo componen.

La puñetera Isla de los Grifos, la Reina Roja, la ciudad de los sonidos metálicos…esa mitología primitiva, los trolls…todo un sistema de magia distinto al de otros juegos como el ya mencionado AD&D, no tan explícito y omnipresente, pero igualmente sugerente y prometedor.

Para mí Rumequest, y Glorantha, son una mezcla de Dungeons and Dragons, Aquelarre y Cthulhu. Y por eso me encanta.

Porque es un mundo (y un juego) mucho más realista, porque su simplicidad esconde una complejidad inabarcable y porque fue de los primeros juegos que tuve, claro.

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