Torres de dos kilómetros de altura, palacios flotantes y cavernas, minas y salones enterrados componen la milenaria ciudad de Strassa, también llamada, La Bendita.

Hogar de nacimiento de futuros dioses, Strassa vive por y para la religión, sin importar cuál sea ésta.

En sus salones bendecidos por las divinidades, alguna de las cuales tiene incluso su origen en la ciudad, clérigos, novicias y sacerdotes rezan y realizan sus rituales implorando por una mayor gloria de aquellos a quienes sirven.

Muchos dicen que el verdadero poder divino no emana de los panteones de los dioses, sino de la misma ciudad que los adora. Por ello, por todo el mundo nacen las conspiraciones para tratar de llevar a la Ciudad Bendita a su ruina.

Strassa es una ciudad de intrigas y conflictos, de poder y fe, lugar de encuentro y batalla de los creyentes del Caos y el Orden, el Bien y el Mal, la Inmortalidad y el Olvido, la Magia y la Naturaleza.

En sus salones puedes adorar a los mismos dioses encarnados, en sus tabernas compartir hidromiel y elixires divinos con sus hijos, o yacer con una prostituta que engendró a alguno de ellos.

Así es Strassa, la ciudad Bendita.

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