La nieve comenzaba a caer, preludio adelantado del final del otoño. Pronto los caminos volverían a estar cerrados, y Aralia quedaría desconectada durante al menos tres meses del exterior, lo que sus conciudadanos llamaban las Tierras de Allende.

Landon se acercó a los almacenes de grano, y asintió al centinela devolviéndole el saludo. Habían pasado más de treinta años, poco tiempo para un elfo, desde su aventura en Shanafria, la Montaña de los Espejos, y en todo momento Landon y el Consejo de la Aldea habían mantenido la disciplina, previendo problemas futuros que podrían volver a poner en peligro la supervivencia del minúsculo asentamiento elfo.

Los almacenes se llenaban de leña, grano, aceites, pieles, especias, embutidos y carne seca semanas antes de que cayesen las primeras hojas. Un par de guardias siempre vigilaban los almacenes siempre, y varios puestos de avanzada vigilan los pasos de montaña mientras están abiertos, formando un anillo exterior de alerta que ha demostrado ser muy útil ante incursores trasgos y orcos.

Continúas tu camino hacia tu destino, una pequeña cabaña en el otro extremo de la aldea que conoces muy bien, preocupado. Lalic, la nueva Servidora, te había mandado llamar, y eso sólo podían significar malas noticias.

Landon llamó a la puerta, y el rostro de Lalic se asomó por la rendija. La puerta se entreabrió lo justo para que su esbelta figura élfica pasase al interior de la cabaña. El fuego le caldeó el rostro, mientras el crepitar de las llamas rompía los troncos haciéndolos crujir. Las pieles de viejas cacerías engalanaban las paredes, aislándolas del frío y convirtiendo el pequeño habitáculo en un hogar acogedor.

Lalic le indicó que pasase a la habitación del fondo. Sus ojos se iluminaron cuando los de Landon se posaron sobre ellos. Fue una luz que cualquiera hubiese confundido con un reflejo de la chimenea. Ella nunca se arriesgaría a desvelar en público los sentimientos que ambos compartían.

Landon caminó hacia la habitación del Anciano, quien había mandado llamarle, y apartó la cortina de piel. La habitación era pequeña, austera, como casi todas las del poblado, y en la pared opuesta un pequeño catre acogía la figura tendida de Mauric, lúgubremente iluminada por la lámpara de aceite.

El Anciano le hizo una señal para que se acercase, y Landon se arrodilló cerca de la cabecera de la cama, cogiéndole las manos.

– Landon, hola, hijo mío – dijo con un hilo de voz. Un amago de sonrisa iluminó su rostro, – Casi recuerdo como si fuese ayer cuando llegaste a este mundo. Tus padres estarían muy orgullosos de ti.

– Gracias Mauric, espero que, estén donde estén, así sea. Pero me conformo con saber que tú lo estás – contestó el joven elfo.

– Se acerca la hora de partir, Landon. Debo ir a las Tierras Grises a reunirme con nuestros antepasados.

– No, Mauric… – trató de replicar Landon, pero Mauric le calló.

– Ahora debes hacerte cargo de la aldea de forma oficial. He propuesto a los Ancianos del Consejo que te nombren nuevo portavoz. Te será fácil, no habrá muchas más responsabilidades de las que ya asumes con gusto, y todo el mundo en Aralia te quiere y te respeta.

Los ojos del anciano parecían cerrarse un poco más con cada palabra, y la debilidad de la voz denotaba que tenía razón sobre su paso a las tierras Grises.

– Mauric – la voz de Landon estaba embargada de emoción y tristeza – haré todo lo que esté en mi mano, nuestro pueblo estará seguro. Te lo prometo.

Como si fuese justo esto lo que esperaba, Mauric cerró los ojos, y su mano cayó sobre un costado de la cama. Landon, alargó la mano, que proyectó su sombra por la luz del candil sobre la pared, y cerró los grises ojos del Anciano Elfo. Mañana habría un gran funeral para despedir al héroe de Auralia, el líder que durante casi tres siglos había mantenido la aldea a salvo. El paso de Mauric a las Tierras Grises no quedaría en el olvido, se dijo.

– Landon, – le llamó la voz de Laila – debes salir. Sus ojos llorosos le hicieron saber que sabía que Mauric les había dejado. A él le hubiese gustado consolarla, abrazarla y sentir la calidez de sus brazos, el acogedor hogar en que se había convertido su mutuo amor. Pero el deber era lo primero.

Salió de la habitación sólo para ver a tres elfos en pie sobre el suelo de madera. Uno de ellos parecía agotado, hasta el punto que los otros dos tenían que sostenerlo. A sus pies, jugando como los cachorros que eran, Daial, Maz y Lydia mordisqueaban sus botas. Los nietos revoltosos del revoltoso Nigel.

– !Landon!, – dijo el agotado hombre – ¡Punta Fría ya no existe! – una gran partida de orcos y trasgos nos asaltaron y apenas pudimos escapar. Marlic y Aular cayeron, y sólo yo y Balien logramos escapar.

Landon miró preocupado a los otros dos hombres, miembros de las partidas de defensa de Auralia. Ambos negaron con la cabeza.

– Nadie nos amenaza, Landon. Hemos enviado halcones de las nieves a los demás puestos de avanzada en cuanto recibimos las noticias, y todos reportan estar a salvo. Tampoco parecen haber llegado más allá de Punta Fría. Sea lo que sea, debió ser un ataque aislado.

Landon negó a su vez con la cabeza.

– No hay ataques aislados, Palik. Prepara las fuerzas de defensa, haz regresar a los vigías y manda partidas a los caminos, que derrumben las trampas. Nos aislamos. Temo que esto sea el principio de algo mucho mayor, y debemos estar preparados.

Landon salió de la cabaña acompañado por los hombres, y miró hacia el Este. Sobre los picos nevados y las colinas de roca gris, el sol salía trayendo el amanecer. Sus rayos iluminaron el valle y las montañas, incidiendo sobre una conocida e imponente figura, y reflejando su luz sobre los bosques.

Un escalofrío recorrió la espalda de Landon, mientras observaba como los hielos de la cumbre se iban haciendo cada vez más y más nítidos, y un terrible presentimiento le asaltaba.

Landon apretó con fuerza la empuñadura de la Espada del Mago, ante sus ojos, se alzaba la eterna mole que presidía la cordillera. La Montaña de los Espejos.

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¿Qué crees que ha pasado en Aralia?

Si crees que esto es sólo un evento casual cierra los ojos y descansa.

Si por el contrario crees que esto no es sino el comienzo de algo terrible, y el presentimiento de que la amenaza del Gigante de Hielo ha vuelto para tomar su venganza, sigue leyendo este blog.

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